“5 Veces Presidente”: Adelantos del libro sobre ‘Cacho’ Delmar

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La foto de portada: el inolvidable abrazo con René Favaloro.

Aunque todavía no tiene fecha, el libro “5 Veces Presidente” será presentado una vez pasados estos convulsionados tiempos de pandemia.

Con Héctor Atilio Delmar, cada aniversario del Club fue sinónimo de grandes ceremonias, festejos que prácticamente duraban todo el mes de junio. Una vida sensible y longeva, como la del Decano. Y aunque físicamente ya no esté desde el pasado 3 de octubre, su amor por la divisa albiazul será inextinguible.

El trabajo de investigación biográfico, que realiza el periodista Gabriel López, hoy nos permite algunos anticipos para Ginasiá, todos ellos, inspirados en la fecha de cumpleaños del Lobo.

“Vayan cinco regalos, uno por cada gestión de Cacho”, expresa el propio comunicador, mentor de El Clasiquito.

1984. Este año Delmar vivió el primer 3 de junio como Presidente. Tocó salir a jugar, un domingo, premonitorio de lo que buscaba el equipo de Nito Veiga. Volver a Primera tras cinco años aciagos.

El Lobo apareció por su túnel, igualó con Quilmes, 0-0, por la fecha 18 y así comenzaba una racha de ocho jornadas sin derrotas, el empujón que tanta falta hacía para recuperar la confianza. Eran tiempos en que cada centavo contaba, los juicios arreciaban y entre los hinchas crecía la organización, los grupos de apoyo. Uno de ellos llegó a inventar “la máquina de hacer socios”. Según contó Néstor Prades, un padre con hijos en el básquet y el vóley, y amigo de Delmar hasta las últimas horas, había conseguido con Augusto Patiño Chaumeil y Manuel Olano -directivos del área de Prensa- habían conseguido una moderna máquina de fotos de revelado instantáneo. La estrategia consistía en que no se pierda ningún socio, ya que al pasar por mesa de entradas y solicitarles que regresen con un juego de fotos, algunos ya no volvían. La “Polaroid” estaba en calle 4. No solo que se hacía más rápido, sino que, tal cual evoca Prades con una sonrisa, “para ahorrar el costo de la planchuela, como entraban cuatro fotos en cada revelado, cuando llegaba el primero, le pedíamos que esperara a que lleguen otros tres ¡En un fin de semana hicimos 1.800 socios!”.

Cacho Delmar, fiel a su costumbre, los premió con una medalla para cada uno. Pero el ingeniero Prades no solo visionó este tipo de ayudas, sino que también le preguntó a Cacho si podía usar el Poli. “Ahí lo tiene, es todo suyo”. Y su segundo éxito se puso en marcha. Una amistad con el padre de la cantante Patricia Sosa, le posibilitó llegar hasta las autoridades de la Rock and Pop y así fue que por el estadio cubierto empezaron a desfilar los mejores músicos y bandas de los 80.

1987. Llegaron los 100 años. Un miércoles. Un día histórico para La Plata, con un Pasaje Dardo Rocha con capacidad colmada, como cinco años antes pasó con el centenario de la capital bonaerense. 1.300 invitados, en 160 mesas, una torta de 105 kilos, y catorce jóvenes recepcionistas, hijas de los dirigentes, dándole la bienvenida a la sociedad, a la política, el comercio y la industria, directivos de medios periodísticos del país, exfutbolistas del club y autoridades eclesiásticas. El presidente de la FIFA, João Havelange, fue la figurita difícil que Delmar apalabró durante el Mundial de México.

“Cien años son cien años y eso se respeta en todo el mundo”, dijo el brasileño, ubicado en la mesa de cabecera junto a Nicolas Leoz (presidente de la Confederación Sudamericana), Julio Grondona (AFA) y señora, Alejandro Armendariz (gobernador bonaerense), Juan Carlos Alberti (intendente de La Plata) y Fernando Alfonsín (hermano del flamante presidente de la democracia). No faltó el hincha que representaba a la camiseta en el mundo entero, René Favaloro. El doctor, aún convaleciente por una reciente operación, le decía a un periodista de El Día: “Le prometí a Delmar que vendría y aquí estoy para festejar los 100 años de mi querido Gimnasia”.

“Asumo la responsabilidad de dirigir la palabra a tan calificada concurrencia”, abrió el micrófono Héctor Delmar, ya en su segundo período presidencial. Días después, una segunda fiesta copó el Bosque, con un asado multitudinario.

1995. Otro cumpleaños con un desborde para el corazón. Había pasado poco más de un año del único título del Lobo en la era profesional y los 108 fueron un día sábado. Y a la noche la cancha de 60 y 118 quedó chica para recibir a Racing a cuatro fechas para el desenlace del torneo Clausura 95. Eran “Los Caballeros de la Angustia” que dirigidos por Carlos Timoteo Griguol (el técnico que eligió Cacho) confirmaron por qué los apodaban así.

Pablo Morant aseguró la victoria a los 41 minutos del segundo tiempo, 2-1. El secreto del DT también pasaba por su preparador físico, Javier Valdecantos, cuyo natalicio también es un 3 de junio. Y aquel día cumplía 37. El Lobo pasaba a estar solo en la punta, hasta el otro día San Lorenzo hizo lo suyo venciendo a Boca en el Gasómetro.

“Para tener un gran equipo hace falta una institución fuerte. Este festejo refleja la unidad de la familia gimnasista. Este puede ser el gran despegue de la institución”, arengó Cacho en el aniversario, con 500 almas en el rectángulo de básquet.

1997. Pisando sus 70 años de vida, llegaron los 110 de la institución en la que Delmar aprendió los valores del deporte en equipo, jugando al básquet en los años cuarenta y siendo uno de los primeros colonos.

La temporada tuvo más regalos que nunca. Se renovó el contrato con el cuerpo técnico, se remodeló La Casona por dentro y por fuera; creció el Complejo Deportivo El Bosquecito de Berisso; y en el Estadio, muy especialmente, se celebró una obra de magnitud: una tribuna cabecera para 15 mil personas. Ese mismo año se vio en los hechos que ni un River (tricampeón), ni Boca (peleando el título en las últimas jornadas) pudieron sacar al Lobo del Bosque.

Lo escribió Néstor Basile en su inolvidable Tribuna Gimnasista: “Este 3 de junio de 1997, indefectiblemente, vamos a celebrar el aniversario más importante de las últimas décadas. El saldo surge por las obras institucionales y la consolidación futbolística. Nos acostumbramos tan mal, que en vez de festejar dos subcampeonatos casi consecutivos lamentamos todavía no lograr lo único que nos falta”.

2012. El viejo Cacho volvía al viejo Lobo siendo ya cinco veces presidente, ante el asombro de todo el mundo del fútbol: a los 83 años se impuso en cada una de las 33 mesas, obteniendo la victoria con el 63 % del padrón electoral. Eran tiempos adversos, pero que retemplaban el espíritu de la gran masa de hinchas de todas las épocas. Los 125 años tuvieron varias fiestas. Una de ellas, evocando el glamour del Centenario, en el mismo Pasaje Dardo Rocha. El cierre fue a toda música y baile, en Plaza Moreno, con el show del grupo La Mosca. Si Cacho era sinónimo del buen vestir, cómo no iba a sorprender con un nuevo modelo de camiseta: salió la camiseta reversible. A pesar de los contratiempos, se iba alejando del Club dejando su impronta de un ser humano que pertenecía a otros tiempos.

Héctor Atilio Delmar partió de ese mundo el pasado 3 de octubre, a la edad de 93 años.

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