INSUFICIENTE

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El once titular del domingo.-

“Cuando no hay voluntad, hay mil excusas. Cuando hay voluntad, hay mil recursos”.

Nadie puede achacarle a la dupla técnica MartiniMessera un mal encuentro como el jugado el último domingo. Tampoco podemos castigar a este plantel que tanto ha sufrido en las últimas semanas.

Esta reflexión parte más de un análisis mayor sobre un largo y doloroso proceso que sobre un coyuntural y rápidamente olvidado clásico.

Rodrigo Rey se asienta en el arco tripero. El tiempo le ha dado ritmo y el ritmo, confianza. Certero para salir a cortar y rápido en los movimientos, además de la providencial salvada cerca del final y una suerte no recordada en arqueros triperos ante el mano a mano que dio en el travesaño.

Gimnasia se plantó bien en defensa. La dupla central de Morales y Guiffrey bancó bien el trabajo posicional de Leandro Díaz y estuvo firme en los cruces necesarios. Soportó además distintas ocasiones donde Mancilla y Ayala no pudieron detener los avances, y quedaron como última línea ante los ataques frontales.

Los mencionados volantes, de más a menos. No sólo en este partido, en el torneo en general. Dependientes total y absolutamente de la presión alta y del buen tino de sus zagueros para que sus errores no terminen frente al arquero.

Muy buen partido de nuestros marcadores de punta. Con distintos roles pero necesariamente firmes en la marcación. Matías Miranda jugando de mitad de cancha hacia atrás le permitió pasar al ataque a Weingandt con decisión y de manera certera. Por el contrario, Carbonero atacando incesantemente sin mirar sus espaldas hizo que el rival encarase al sector de Melluso en cuantiosas ocasiones, sin éxito gracias al mérito del juvenil que estuvo verdaderamente impasable.

El moreno encontró el espacio para encarar la banda protegida por el flojo Godoy y el un poco más sólido postre Rogel. El primer y segundo envío “al cuadrado” fueron buenos, el tercero costó más pero al cuarto la sorpresa ya estaba revelada. Gimnasia insistió sin alternativas y terminó por deschavar su único recurso de ataque durante el domingo. El local fijó a Godoy, volcó un poco hacia su derecha a Iván Gómez y se terminó el ataque de Carbonero.

Poco y nada del mencionado Miranda que se ocupó más de relevar al Chelo Weingandt que de generar juego. En la tarde dominical Brahian Alemán fue más generador de faltas que de juego, lo cual se sintió en tres cuartos de cancha. Esta vez lo reemplazó bien en ese rol Matías Pérez García, dándole aire al Lobo en el último tramo. Durante el segundo tiempo Alemán y MPG pudieron ser los conductores de algunos tímidos contragolpes que no encontraron movilidad de sus compañeros, sólo gente corriendo en línea recta hacia adelante, muy previsible y fácil de marcar.

Cabe destacar que Víctor Hugo Ayala hace tiempo que no está siendo preciso en su pegada. Centros y tiros libres que antes eran puñales, se han quedado sin filo. Sumado a esto, hubo un ostensible poco trabajo en pelotas paradas en ataque. A una defensa local que se la notaba sólida en el aire, no se le podía convertir simplemente “saltando más alto” sino que exige algún movimiento particular que no encontramos. A su vez, como señalamos que sí fue importante el juego defensivo en la bola quieta, arma que el rival no pudo aprovechar.

Por su parte, Eric Ramírez con su sola presencia hizo más evidente la orfandad tripera ante la salida de Lucas Barrios, por quien elevamos plegarias de pronta mejoría. El pibe platense yerra siempre más de lo que acierta, no sólo con pelota al pie sino en sus decisiones conceptuales. Busca el penal antes que la definición, busca la gambeta antes que el pase y viceversa cuando no es necesario. No tiene ímpetu para definir y ahora ni siquiera tiene un nueve que le libere espacios. Para wines están Miranda y Carbonero, lo cual hace estéril su inclusión en el once.

Hasta aquí en conteo individual. De aquí en más una evaluación colectiva y peor: una evaluación histórica.

Gimnasia no fue a ganar el partido. Fue a hacer lo mejor posible con lo que tenía y con los problemas con los que acarreaba. No está mal desde el sentido común, pero sigue siendo insuficiente. Alguno refrendará la palabra final de Mariano Andújar y su “perder hace daño”, a lo cual responderé: el daño ya está hecho.

Ganar frente al clásico rival debe ser una política de Estado para Gimnasia y Esgrima La Plata. Hace años que el Lobo va a “dejar todo”, que va a “hacerse fuerte”, que va a “jugar un partido especial”. Nunca va a ganar. Ni en las declaraciones ni en la cancha. Es más. En distintas ocasiones ha sido derrotado por intentar “cerrar el partido”. Reitero. No es un problema de Mariano Messera, tampoco de Leandro Martini y tampoco de este plantel en particular. De hecho, la fortaleza en los cruces, el cansancio notorio con el que se llegó al minuto 90 hablan bien de la entrega en ese cotejo.

Sin embargo, ganar es ser superior. Y Gimnasia nunca juega a ser superior. Incluso siéndolo, como ante este mediocre rival que enfrentamos en la piojera deluxe de 1 y 57. No se planteó la elaboración de juego explotando las falencias del rival, no se llegó cuantiosamente al ataque. Hubo más intención táctico-estratégica de ganar frente a Boca en la fecha 1 que en esta fecha 10.

No discuto lo actitudinal. Corto, básico y redundante sería mi análisis si así lo hiciera. Pero el “pongan huevos” se acabó. Descreo que en 11 años no haya habido equipos triperos que no hayan “puesto huevos” y que ese sea el problema del triunfo.

“Terminaré en el principio”, cantó un tripero ilustre hace horas.

El miedo a que la racha se extienda ha superado la valentía para romperla.

Claro que me voy a enojar si perdemos el siguiente clásico. Me voy a poner mal como ante cada derrota. Pero a los días levantaremos la cabeza y analizaremos si se buscó el triunfo o si una vez más jugamos a no perder. Si se da lo segundo, simplemente escribiré nuevamente esta nota. Si se encaró como corresponde, otros vientos soplarán.

Bueno punto dado el partido. No me alcanza. A los triperos no nos alcanza.

Lautaro Fernández Elem.-

El once titular del domingo.-

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