GANÓ FALCIONI

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Equilibrado partido, definido por detalles.

El fútbol profesional exige. Aún más el fútbol argentino. Es muy difícil jugar sólo con once, por más aceitado que esté el funcionamiento, inevitablemente el desgaste físico, las lesiones o simplemente las “malas tardes”, suceden.

Que no panda el cúnico. Vamos a intentar desmenuzar una derrota que duele por la plausibilidad de la victoria más que por el trámite del juego en sí. La actividad tripera en Avellaneda tuvo fallas propias de sus realizadores aunque también de equivocaciones hoy de nuestra aclamada dupla MM.

Independiente levanta cabeza. El paladar negro de los hinchas colorados no se hace expresar en las tribunas y eso permite que Julio Falcioni pueda hacer lo que se propone (incluso equivocarse los cambios). El rojo venía de una victoria similar, un partido feo en el cual una llegada aleatoria de Insaurralde marcó el resultado.

Gimnasia no es Patronato y eso debió pesar más de lo que pesó en la tarde del sábado. En la previa, ninguno de los dos equipos se caracterizaba por la tenencia de balón. Ante lo cual, Gimnasia eligió forzar al local a que se haga cargo de ese juego que le resultaba incómodo. Durante el primer tiempo resultó, ya que Independiente no estuvo preciso y no logró elaborar jugadas de peligro ni aprovechar la pileta olímpica que ofrecían las espaldas del no-doble cinco Ayala-Miranda intentando –sin éxito– suplir a Harrinson Mancilla.

“Tomi” Miranda no rindió como volante defensivo, y al mismo tiempo el Lobo lo perdió como volante ofensivo. Víctor Hugo Ayala no llegó a cubrir sus laterales y exigió sobremanera a los carrileros, tampoco fue un distribuidor “estático pero preciso”, ni aprovechó su gran pegada. Se sufrió mucho el ingreso de “Saltita” González y el buen pie de la joya Velasco pero no cuando Gimnasia ya estaba partido, sino antes del gol, del desorden natural del final.

Esta andanada roja que ofertó Gimnasia le permitió jugar de contra a partir de la mitad del primer tiempo para poder terminar dominando el final de la etapa. Lo venimos diciendo y lo reiteramos: Eric Ramírez siempre resuelve mal las jugadas. Tenía un claro mano a mano y optó por buscar el penal –que no fue tal– además de las tantas definiciones fuera del arco. Se genera los espacios, sí, pero faltan los famosos 5 para el peso. Realidad distinta ostensiblemente la de Brahian Alemán, en su mejor momento con nuestra camiseta, y también la del Johan Carbonero a quien sólo le falta tirar a tiempo el centro atrás. El juego colectivo ofensivo sigue estando, hubo llegadas claras y hay muchos recursos en ataque. Hoy sí falló la resolución.

En el segundo tiempo se vio poco más. Con pocas ideas en los primeros minutos del complemento y con mucha demora para tocar la pelota a tiempo –hoy grité muchas veces “¡soltala!”–. La natural intención de recuperarse ante el gol tuvo ímpetu y obligó a las escaladas de los marcadores de punta. Comba por Miranda terminó siendo un error. Explico. Los tres pulmones de Comba eran importantes en un Gimnasia “medio pelo” a nivel táctico y menos ofensivo. Hoy se exige más técnica y más verticalidad, características que podría haber aportado Miranda de volante por derecha y no el pibe retornado de Río Cuarto.

Vamos un poco más adelante en la cancha.

No desisto de Contín ni de Barrios. Al primero le falta gol y al segundo le falta físico. Pero ambos cumplen su función. Si bien a veces confundieron “bajar para pivotear” con “bajar para ser enganche” el esfuerzo es loable y tuvieron sus ocasiones.

Retornamos a las primeras líneas. Alertamos de la inseguridad de Rodrigo Rey en el último artículo, y en el presente lo confirmamos. Más allá de sus errores con el pie, dubitativo en las salidas y en el dominio del área. Pudo incluso ser expulsado si un árbitro punitivista veía la mano y actuaba en consecuencia.

Militamos entonces el retorno de Nelson Insfrán, con pliegos aprobados para ser el 1 tripero.

Maximiliano Coronel pasó de ser “un tema” o “una cuestión” a directamente “un problema”. Tanto su presencia como su ausencia. No rinde por su mal estado físico luego de la lesión pero tampoco Leo Morales lo hace mejor. Tanto uno como el otro han cometido EL “pecado” para cualquier zaguero central: perder frente a su marca en pelota parada. Coronel perdió a Izquierdoz, y Moralez perdió a Insaurralde. Gol y gol.

Militamos entonces el ingreso de Bruno Palazzo, con pliegos aprobados tanto contra San Lorenzo como contra Talleres en la Copa Maradona. Si el domingo que viene, se pierde nuevamente en el córner en contra, no tengo solución más que quedarse después de entrenamiento cabeceando una medicine ball.

Ganó Falcioni. Se equivocó, hizo un cambio ofensivo y le salió bien. Se plantó atrás pero atacó y aguantó el partido cuando lo tuvo que aguantar. Gastón Togni obturó a Alemán la mayor parte del partido y los últimos 20 minutos no le alcanzaron al mens sana.

“Tenemos poco recambio, estamos haciendo demasiado”, dijo Alemán.

“El plantel es corto”, dijo Messera.

Bien. Es cierto. Ante lo mismo, la preparación táctica y la preparación física son aún más fundamentales y el margen de error en el trabajo diario, se estrecha. Lo que faltaba no era un arquero ni un volante por derecha, sino un zaguero central, además de un suplente de 5 a la altura. No lo era Monti y fue cedido a préstamo. Dios cuide a Mancilla o sufriremos su ausencia.

Nuestro humilde “diario del lunes” trata de ser coherente con sus planteos y tiene el orgullo de verlos reflejado en los aciertos y prevenido en las derrotas. Somos más que falibles y en plena conciencia de lo mismo.

En el entretiempo recién me di cuenta que era un partido bisagra: asomarse al pelotón de arriba o cargar con el 1G-1E-1P en la tabla. Pero todavía hay tiempo, material y el camino sigue siendo uno: este. Martini y Messera saben lo que hacen y cómo lo hacen.

Lautaro Fernández Elem.-

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