A BRILLAR MI AMOR

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Bosque encantador en una noche de febrero.

Ustedes son chicos y seguro no se acuerdan, pero el Lobo con goles de Jorge Héctor San Esteban y Fabián Fernández le ganó 2 a 0 a O’Higgins de Chile en 1992 por Copa Conmebol en su primer partido Internacional en el Bosque. Posteriormente le tocó dos veces quedar afuera de la competencia – por igualdad en el resultado entre ambos encuentros – pero por tiros desde el punto penal, nunca por una caída durante los 90 minutos. Es decir, en sus diez partidos internacionales en el Bosque, nunca fue derrotado. Perdió internacionalmente en estas tierras en un 0-2 frente a Colo Colo de Chile pero en el Estadio Ciudad de La Plata, año 2006, Copa Sudamericana y en el 2007 con Santos por Copa Libertadores. Ambas derrotas en 25 y 32.

De todos estos encuentros en el Bosque se destacan un 3 a 1 a Peñarol (Pablo Morant, Hugo Guerra y Pablo César Fernández) o el 3 a 1 a Boca por Copa Sudamericana (San Esteban y dos de Claudio Enría) pero sin dudas que una noche épica fue el debut de local en Copa Libertadores, año 2003.

El primer día de venta se vendieron 10 mil entradas y posteriormente se agotaron. El estadio entonces tenía capacidad para 30.600 personas. En la popular del Bosque ingresaban 12.360 (Y eso que una ochava estaba “cercenada” para preservación de un árbol) La noche del 26 de febrero con solo mirar los pasillos, totalmente desbordados, y el pequeño espacio que se le dio a los hinchas de Alianza Lima de Perú, y el codo de «seguridad», no había dudas que al menos unos 33 mil hinchas colmaron su casa y disfrutaron de una gran fiesta. El Lobo ganó 5 a 1 con goles de Roberto “Pampa” Sosa, “Caio” Enría, Lucas Lobos y Esteban “Teté” González. La formación: Olave, Pautasso, San Esteban, Goux, Licht, Sanguinetti, González, Leiva, Lobos, Enría y Sosa.

El espectáculo de fuegos artificiales que empezó antes que el equipo saliera al campo de juego, nunca se había visto en un partido de fútbol en La Plata. Este recibimiento y la nueva iluminación, le otorgaron más color a la fiesta. No faltaron las burlas al clásico rival (Y Gimnasia gozaría dos meses después un 4 a 2 que fue suspendido por la parcialidad albirroja, pero eso es otra historia…)

Desde las tribunas también hubo especiales dedicatorias a Tagliani, jugador del equipo peruano pero exjugador albirrojo que minutos antes de sufrir la goleada que el Lobo le propinó a su equipo declaró en Radio Universidad que los hinchas de Gimnasia eran “todos unos villeros, todos negros”.

Gol y festejo del ‘Caio’ Enría.

¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco! Y así iba explotando en gritos el Bosque, hasta llegar a 22, mientras los nuevos focos se fueron encendiendo, uno a uno. Pero aquellas torres de iluminación tenían una historia extra. El club presidido entonces por Héctor Domínguez, tuvo varias presiones municipales y del comité de seguridad deportiva de la provincia que parecían buscar que Gimnasia no fuera local. A varios les molestaba que el “Lobo” tuviera en ese entonces el estadio de mayor capacidad de la ciudad. Esto jugaba en contra del interés económico o político que tenía cierto sector que impulsaba su negocio: seguir con la construcción multimillonaria del estadio “único”, como lo llamaban entonces.

La cuestión que la gestión municipal encabezada por Julio Alak, fue redoblando exigencias una y otra vez, pero, felizmente, se toparon con el amor por Gimnasia y el profesionalismo del arquitecto Luis Díaz, con la tenacidad de Dardo Cotignola, con la paciencia de la comisión directiva, y con el empuje promovido desde años atrás por Néstor Basile y Tribuna Gimnasista, demandando la remodelación del propio estadio.

Se podría afirmar que debe ser el único caso en la historia que se tuvieron que hacer tres bases para una misma columna de iluminación. Se levantaron bases detrás de las tribunas pero la Municipalidad esperó que estuvieran hechas y después dijo que “ahí no”. Posteriormente, con las torres ya terminadas, se construyeron bases de hormigón pero entonces el intendente pidió bajar la altura… Ante este nuevo “palo en la rueda” se procedió a cortar las columnas y, tras otro requerimiento municipal, hubo que rodearlas con los hierros de las originales. Las partes cortadas quedaron en Astillero Río Santiago custodiadas por los triperos que allí trabajan. Recién en el 2015 se pudo reacomodar lo que había dispuesto el estudio arquitectónico Díaz-Chiurazzi y entonces se alargaron las columnas y se colocaron con nuevas bases tras las ochavas. Pero aquella noche de 2003, las luces que iluminaron 33 mil triperos felices en su casa y los 5 goles del Gimnasia que dirigía Carlos Ramacciotti, bajaban de dos torres cada una con 22 reflectores.

Todo un símbolo de aquello que los hinchas triperos saben de memoria: nada es fácil para Gimnasia pero… ¡Cuando salen, nadie las disfruta y las festeja más!

Rafael Ton

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