Méndez sobre Diego y el Lobo: “El tipo más popular en un club muy popular”

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Mañana de entrenamiento en Estancia Chica.

El exdirector técnico alterno de Gimnasia y Esgrima La Plata, Sebastián Méndez, recordó su “hermoso” paso por el Club acompañando a Diego Armando Maradona.

“Mi miedo era la exposición, la prensa. Por eso no daba notas. A mí me gusta ir por la calle normal, hacer las compras. Y mi miedo era que eso dejara de pasar. Y después también tenía miedo de que él se enojara conmigo. El protagonista es Diego, siempre es Diego. Nosotros somos actores secundarios, recontra secundarios. Y en los partidos, por ejemplo, por el problema de sus rodillas, era yo el que se tenía que parar a dar indicaciones. Y al mismo tiempo que pensaba en el partido, por dentro maquinaba ‘pucha, no me voy a levantar tanto a ver si la gente piensa que uno quiere ser protagonista’”, reconoció el ‘Gallego’ durante una entrevista con el diario Clarín.

En cuanto al día a día, subraya que “te cambia porque todo el mundo te habla de lo mismo. A mí me llamó un compañero de colegio de la primaria para ver si podía venir a un entrenamiento. Hacía 25 años que no hablábamos. ‘Si ni me acuerdo cómo era tu cara y la última vez que te vi, yo tenía pelo’. Y así un montón. Pero yo me llevo todo para mí: las anécdotas, las charlas en el fogón, los asados. Y ahora no veo nada de todo lo que sale o lo que dicen, me hace mal.

“Diego no comía caviar, Diego comía milanesas. A Diego le traían un pacú de Corrientes. Y eso me encantaba de él, la simpleza. Eso lo hacía más humano. A Maradona ya lo había visto, pero conocí a Diego y me encantó. Hablaba de los padres y se te ponía la piel de gallina. Tanto amor le habían dado esos padres… Y te contaba que ya siendo grande, casado, cuando le pasaba algo se iba a la casa de la vieja a dormir la siesta. Necesitaba ese amor. Y viendo la vida de él, viendo esa persecución constante que no te permite salir tranquilo de tu casa, pienso que se refugiaba en lo más básico, que es el amor de los viejos. Ojalá mis hijos me quieran como él quería a sus padres. Por eso lo único que espero es que esté con los viejos. Yo no me lo imagino en otro lado, me lo imagino sentado con los viejos y que le digan ‘Pelusa’. Ahí era lo más básico. No sé, me gustaría que esté bien. No creo en nada, no soy religioso, solo creo en Dios. Esta medalla (muestra una cruz de plata) me la regaló él. Y es lo único que me quedó; yo no quería nada, no le pedía nada. En eso soy medio boludo porque me da vergüenza. Y no quería invadirlo tampoco”, prosigue el actual DT de Godoy Cruz.

Y acota: “encima su trato era tan paternal. Ganábamos un partido y me decía ‘gracias, Gallego’. ¡Gracias de qué! Gracias a vos que estoy acá. Y con los jugadores era divino. Cuando llegaba le daba un beso en el cachete a cada uno: ‘Hola papi, hola papi’”.

Cuando fue inquirido sobre si Diego logró disfrutar de los homenajes que recibía en cada cancha, fue tajante: “sí, sin dudas. Fue lo mejor que hizo el fútbol argentino. Menos mal que Gimnasia lo contrató y que pudo vivir eso. Y a Gimnasia le cayó justo: el tipo más popular en un club muy popular. Mejor, imposible. Un club muy castigado… Y si algo tenía Diego es que siempre estaba del lado de la gente, siempre defendiendo a los que menos tienen. Diego era súper de izquierda, recontra de izquierda. Algunos dirán que tenía contradicciones porque usaba un anillo de diamantes… ¿Y quién no tiene contradicciones? Mirate en el espejo a la mañana. Nos vivimos equivocando, pero somos tan jodidos que siempre le buscamos el lunar al otro. Mirarse en el espejo es muy complicado y a veces no querés ver lo que muestra”.

“¿Las miserias que él tenía no las tenemos muchos? Lo que pasa es que la vida de él era más pública que ninguna. A escala Dios. Yo puedo tener problemas con una pareja o si mi hija no me habla me muero, pero no se entera nadie. Si a él no le hablaba una hija era un quilombo. Vuelvo a lo mismo, no sé cómo mierda aguantó tanto tiempo ser Maradona”, recalca.

“Que digan que no era el técnico, que no hacía nada, que no entrenaba. Eso me hinchaba mucho las pelotas. Y me parecía irrespetuoso. Nosotros hicimos trabajos de campo con Diego. Venía caminando despacito, le decía al jugador dos o tres detalles ¿Qué es lo que no hacía él? Obviamente, no tenía la energía que tenemos nosotros, pero yo dentro de 20 años tampoco voy a poder correr en una práctica como lo hago ahora. Diego no podía por las rodillas. Fueron muy injustos con él. Pónganse un reemplazo de rodilla y salgan a caminar a ver si pueden”, advierte.

Acto seguido, reflexiona: “yo pienso que el origen de Diego le pasó factura y lo hizo más fuerte, las dos cosas. Él no hubiese sido quien fue si no salía de ahí. Diego era una revancha constante. La gente de la alta sociedad no lo quería a Diego, de eso estoy seguro. Siempre tuvo ese rechazo. Pero a mí me importan tres carajos. Y a él también (se ríe). Era la revancha de los pobres. ‘Mirá hasta dónde llegué saliendo de Fiorito’. No heredó nada, su padre no era empresario, trabajaba en una curtiembre y se pelaba el lomo. Yo creo que la guita no te cambia, la guita te descubre quién sos realmente. Y con esto no digo que la gente no tiene cambiar, porque si sos el mismo tipo a los 20 años que a los 40, sos un pelotudo. Pero que ese cambio no haga olvidarte de dónde venís. Y eso Diego lo tenía bien claro”.

El adiós

“Me enteré por mi hijo. Llegué a mi casa después de entrenar al equipo y vino mi hijo con el teléfono: ‘dicen que se murió Diego’. Llamé enseguida a uno de los colaboradores que estaba siempre con él y me atendió llorando. ‘Decime que no es verdad’, fue lo único que dije. Y era verdad”, revela.

“Y después te derrumbás. A nosotros nos aniquiló. Agradezco que nos hayan dejado ir a despedirlo en Casa Rosada. Fuimos al mediodía porque yo entendí que a la madrugada debían ir otros, su familia, sus amigos, los futbolistas que lo conocían más. Nosotros estuvimos apenas un cachitito en la vida de Diego. Y sentís que no pintás nada. ¿Qué carajo vas a hacer ahí? Mostrar tu dolor incluso te da hasta vergüenza. Aunque no lo creas, en medio de todo eso, hubo algo que me gustó: le permitieron a la gente pasar y despedirlo… Es muy loco gritarle a un cajón”, prosigue su relato.

En cuanto a la decisión de alejarse de Gimnasia, Méndez subraya que “había que irse. Enseguida, en medio de todo el dolor, nos dimos cuenta de que teníamos que irnos. Nosotros habíamos llegado con Diego. Ya no pintábamos ahí. Nos insistieron, nos pidieron los dirigentes, los jugadores; pero no, había que irse. Se había terminado. Me acuerdo que antes de ir para la Casa Rosada, los capitanes del plantel nos dijeron de hacer una despedida íntima, en la cancha, nosotros solos. Pusimos una pelota en el medio, hicimos una ronda y tuvimos un minuto en silencio. Y fue el minuto más largo de la historia”.

“Yo no aguanto ni 10 días esa vida de Maradona. Ni para sacarle provecho, eh. Es demasiado. Era muy difícil ser él. Solamente Diego podía ser Maradona. Pero cuando era Diego, cuando guardaba el traje de Superman, era algo divino. Yo elijo quedarme con eso. No me gusta hablar, no voy a ir por la vida contando anécdotas. Solo espero ser inteligente para transmitir que él fue genial, que el corazón de él era enorme. Diego era muy humano, era muy buen tipo. Suficiente”, remata.

Mañana de entrenamiento en Estancia Chica.

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