Juguemos en el Bosque que el Diego siempre está

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Diego Armando Maradona.

Un fastidio para los conservadores, ese promotor de aluviones zoológicos que anduvo distribuyendo millones de abrazos de gol entre los más desposeídos. Ese irritante gremialista que cuando se le antojaba también era un filoso activista. Una pesadilla para los colonizados yanquifílicos y los soldados de la falsa moral.

En lo suyo tuvo diez veces más capacidad que cualquiera porque lo tonificó con rebeldía y apasionamiento. No era un dibujito inventado como superman; no nació heredero de grandes fortunas que le hubieran permitido comprar títulos y favores; no se sirvió de la política, por lo que cuando hablaba de la política era por lo que había visto y no por deber nada a nadie.

Se destacó en lo suyo y se elevó sobre el resto siendo amado por millones. Se equivocó, como todos, pero cuando acertó lo hizo derrochando talento y como muy poquitos en la historia.

Los buitres picotearon a su alrededor, algunos tramposos y mediocres se infiltraron en la gloria que supo conquistar con su liderazgo sin jinetas, una gloria que no buscó para él, sino para un país, un colectivo que incluía a su familia, su Fiorito, su tierra que se extendió hacía Nápoles, sus muchachos, su Evita, sus amigos.

El azote inolvidable de los ingleses eligió para volver a su amada Argentina un club humilde y temperamental cuya “yunta de enfrente” con su casaca copiada de un club europeo, había querido descalificar a sus hinchas llamándolos “triperos” ya que muchos eran mal pagos laburantes de los frigoríficos. Los veían inferiores a ellos que representaban a la antigua elite estudiantil que podía pagar libros y aranceles universitarios en la Argentina pre-peronista, y de allí su nombre.

El “Lobo” abrazado en su Bosque por los barrios platenses, por Berisso y Ensenada, recibió a Maradona como se recibe a un amigo de toda la vida que hace mucho no veía. El Diego venía a dar una mano en un momento difícil, fiel a su estilo, y se encontró con tanto amor que volvió su sonrisa y pudo disfrutar también en otros estadios de agasajos, admiración, gratitud y cariño.

La historia contará que llegaba a Estancia Chica en Abasto para el entrenamiento y salía el sol.

Maradona eligió al club que luego de su primer título de campeón de primera en 1929 se fue de gira por Europa y sacando pecho y con buen fútbol le ganó allí mismo al Barcelona, entre otros clubes europeos. El club perjudicado por humilde en 1933 pero que crecía en multitudes y que en 1952, volviendo a primera hizo tronar: “¡El campeón, el campeón, Gimnasia de Eva Perón!”. El Club del gol más rápido de la historia del fútbol argentino en 1979 y el que en 1992 sacudió la tierra con un salto al gritar un gol. El que volvió a primera ganándole la dos finales a un grande como Racing Club.

Gimnasia, el Lobo del Bosque, el club de los “triperos”. El que tiene una filial de héroes de Malvinas, el que ha suscitado libros, películas, una obra de teatro de hinchas para hinchas, cientos de murales, el mismo que dona sangre cada 3 de junio y que festeja su propio día cada 10 de diciembre. El campeón invicto en la Copa Centenario, con el gusto enorme de dejar en el camino a su clásico rival y ganándole la final a River Plate. El Gimnasia de “Timoteo” que le ganó 6 a 0 a Boca en la mismísima Bombonera el día de su reinauguración. El club de las grandes movilizaciones y caravanas en las difíciles, el primero en desplegar una bandera gigante pintada – con un Lobo y su escudo – para asombro de otros y orgullo propio.

Y más allá de datos y evocaciones, el Lobo llevará a partir de ahora, entre sus tatuajes más hermosos, ese rostro inconfundible, que fue tapa de todos los diarios del planeta, de alguien que fue aplaudido por millones y adorado como un dios, y que eligió a Gimnasia, a su gente y a su Bosque, para pasar sus últimos días, antes de convertirse definitivamente en leyenda. Su voz cantando “Dale Lobo” al compás de la hinchada y sus pasos en el verde césped del Bosque son caricias al alma de todo el pueblo.

– Rafael Ton – Publicada en Argentones.com.ar 

Diego Armando Maradona.

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