ODA AL FÚTBOL ARGENTINO

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Intensidad y buen juego.

Gala de fútbol de Gimnasia y Esgrima La Plata ante un rival muy serio para hacer lo que tenía pensado, esperar y golpear. Una dupla técnica que supera ampliamente a la anterior, que encontró la táctica y la estrategia necesarias y que abre el camino del futuro tripero. La osadía y la convicción de hacer protagonista a un equipo que muchos años salía a ver qué pasaba. Lo demás: fútbol. Cruel, dañino y maravilloso fútbol.

Moraleja fundamental: nadie regala nada, el que lo hace, pierde. Gimnasia regaló y pagó caro.

Inverosímil, tonto y hasta ridículo lo que sucedió nada más y nada menos que en la primera jugada del partido.

Inverosímil, tonto e irresponsable lo que sucedió nada más y nada menos que en la última jugada del partido.

Lo de Goltz, una desgracia. Lo de Morales, un alivio. Lo de Guiffrey, mala preparación física. Lo de Monti, un pecado. Estando Bruno Palazzo, zaguero central de oficio y promovido a primera por Martini y Messera, optaron por un volante central que cada vez que se paró de zaguero dejó mucho que desear. Y no fue la excepción, falta de criterio total en la última jugada del partido.

¿Quieren hablar de Herrera? Ok.

El arbitraje sudamericano está atravesando una profunda crisis. No se salva nadie. Ni los árbitros del VAR formados por CONMEBOL en cuartos de final de Copa Libertadores, ni los jueces de línea del Federal B. Nadie. La AFA exige una revisión en tema arbitral porque se está amañando al deporte de una manera inusitada.

Ahora bien. Gimnasia hoy específicamente no perdió por culpa del neuquino. De hecho convirtió un gol en claro offside del asistidor. Nada que reclamar en la expulsión de Weingandt y hasta podría haber duplicado la amarilla de Ayala. Podría haberse cobrado el penal a Contín –aunque, nobleza obliga, ningún árbitro lo hubiese hecho–, podría no haber expulsado a Messera o amonestado a Tijanovic.

No puede obviar el alevoso penal de Monti, no puede obviar la alevosa patada del número 57.

Este es el camino. Sin duda alguna. Una línea defensiva sólida, volantes centrales cumpliendo sus funciones y cuatro talentosos asociados en ofensiva. García descuella, Paradela también –aunque a veces abusa de la personal–, Aleman brilló como nunca (física y futbolísticamente) y Contín haciendo lo que se debe hacer. Ayala avanza unos pasos, los marcadores de punta se sueltan y he aquí una de las mejores ofensivas del torneo.

Fuerte en las divididas, irreprochable en la marcación, presión alta y cambio de velocidad. Precisión en los pases y mentalidad ofensiva. Criterio para patear de afuera y para asistir. Faltó el último metro, la definición. También es cierto: la perfecta intensidad en la presión y en el juego del Lobo se trastocó durante algunos minutos y se convirtió en locura. Se pasó de rosca. Pero claramente este es el camino.

Deberá enfrentar a un Talleres juvenil con juveniles. Se asoma un Morales, Guiffrey, Palazzo, Melluso como primera línea. Lo demás, igual. No hay centrales a disposición y Pato Monti no es una opción. Deberá ir a buscar ante un equipo más lento pero de buen pie, que sabe resolver en tres cuartos ofensivos pero que flaquea cuando se lo exige. Gimnasia debe ser esa tromba que fue en Banfield. Los resultados llegarán, siempre y cuando sepamos que cada error, se paga caro.

Finalmente, a pesar de la furia y de la tristeza, de la bronca y la desazón, no quiero pasar algo por alto: fue uno de los mejores partidos que he visto en los últimos meses. Fútbol argentino en su máxima expresión. El Banfield-Gimnasia de la noche del lunes fue una demostración de intensidad, de fútbol bien jugado, de manera vertical y sin el falso dilema de la posesión estéril. El equipo local decidido a esperar y ceder el balón, y el visitante haciendo gala de la posesión ofensiva. Presión intensa y talento, ataque y contraataque, especulación y juego brusco. El buen pie y las emociones conjugadas en 90 minutos, como debe ser. Una pena que las únicas referencias para el Bambino Pons sean del fútbol inglés. Esto buscamos en “el producto”. No queremos técnicos modositos y goleadas apabullantes. Queremos competencia e intensidad, duelos de planteos dentro de la incertidumbre del fútbol. Queremos siempre a quienes inspira Diego Armando Maradona.

Lautaro Fernández Elem.-

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