DE MAYOR A MENOR

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José Paradela, intermitente (foto: @gimnasiaoficial).-

Se escapa como arena entre los dedos la clasificación entre los dos primeros lugares. Aún restan seis puntos por jugar, pero Gimnasia sigue mermando en su rendimiento. Como si hubiera pasado una pandemia entre el primer partido versus Patronato y el de este domingo, los triperos quedamos atónitos ante la liviandad, los errores y la ingenuidad de jugadores y cuerpo técnico.

Con un arranque prometedor, quizás hasta hubiese sido mejor que Echavarría le hiciese caso a Chimino y tan solo amonestara a Marín por esa fuerte entrada. La expulsión fue el principio del fin de un partido de los peores de la Copa hasta ahora vista. La responsabilidad es puramente de Gimnasia. Si los fatídicos segundos del contragolpe que increíblemente desperdició el local terminaban de otra forma, el panorama ya desolador sería aún peor. San Morales.

El doble cinco desde el vamos funcionó mal. Harrinson Mancilla prácticamente no entró en juego, por el contrario, Víctor Ayala tuvo que suplir la ausencia de su compañero y Matías García debió retrasarse demasiado. El paraguayo tuvo muchas veces el balón pero se mostró siempre errático en pases, centros demasiado largos y una obsesión por el tiro de media distancia que no hubiese estado mal si hubiera sabido administrarlos –o dirigirlos al arco–.

García y Carbonero siempre intentaron. Se hicieron cargo de los mano a mano y buscaron el área rival. Entendieron la ventaja numérica y forzaron a Morales por un lado, Melluso por el otro y a Ramírez a asociarse para desbordar. Paradela tuvo sus minutos de lucidez, perdidos entre el juego violento propuesto por Patronato, más injustificable por esa situación su salida en el segundo tiempo, en el cual Méndez demostró algo que ya venimos dilucidando hace tiempo: la tara para el triunfo.

La semana pasada quisimos justificar la inclusión de Barrios en el equipo como una “segunda oportunidad” o como la chance para redimirse. Hoy ya no tiene justificación, menos aún con Nicolás Contín a su par en el banco de suplentes. Matías Pérez García se recuperó bien de su desgarro y recuperó su nivel prelesión, lo cual no es alentador: trabó el juego más de lo que liberó espacios con su ingreso.

Gimnasia tiene con qué y lo ha demostrado. En los primeros tres partidos de esta zona de grupos mostró un buen juego asociado, vocación ofensiva y errores corregibles. Pero con el tiempo en vez de usufructuar esos atributos decidió empeorar los problemas. Los cambios técnicos y tácticos en el mediocampo y la ofensiva tripera no han aportado más de lo que redujeron el circuito de juego, no sólo hoy sino también visto contra Huracán.

“Consuelo”: no podemos decir que no tuvimos chances de gol. Se generó con y sin superioridad numérica. Pero no basta con el merecimiento y menos aun enfrentando a uno de los peores equipos del campeonato, con jugadores titulares excluidos por lesión y con un tipo de menos en cancha. Quizás el no-gol de Germán Rivero hubiese sido un castigo justo.

Cuando lloramos abrazados en aquella tarde de septiembre recibiendo en el Bosque a Diego Armando Maradona, varios nos mirábamos cómplices amando al 10 pero pensando en la importancia de Méndez para dirigir “de verdad”. No pudimos estar más equivocados al subestimar sólo por un momento la sabiduría de nuestro DT principal.

Lo empezamos a observar cuando en el último torneo cuando contra este mismo rival nos empataron un partido increíble también por obsesiones gallegas: poner a Barrios y meter defensores.

No desesperéis. Las alertas son manifiestas. Gimnasia necesita vocación ganadora y tiene las herramientas para expresarlo en el verde césped. Encontrar la regularidad y los resultados no es una cuestión de “afianzamiento”, tiempo ni refuerzos. Hoy por hoy, es una decisión.

Lautaro Fernández Elem.-

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