UN TREN QUE MUEVE LA GENTE

0

Rafael Ton repasa distintos momentos de la vida del club, ligados a decenas de hinchas que convierten a Gimnasia en un fenómeno que va más allá del fútbol.

Hacía tiempo que caminaba por la vida. No tuve la fortuna de crecer en el Mondongo, en Berisso o Ensenada, con la camiseta puesta. Como vivía muy al sur, donde la pelota siempre corre lejos, llegué creyendo ser de otro equipo pero mi destino me fue llevando a mi lugar en el mundo. Sucede que era Tripero sin saberlo todavía.

Me encontré entonces corriendo al lado del tren, amistades y afectos me ofrecieron la mano para que me suba, Andrea, Marito, Néstor. Y me subí. Y es un expreso del que uno nunca se quiere bajar. Va por todas las estaciones, sube, baja, transita por curvas peligrosas, a veces parece detenerse, a veces avanza a velocidad luz, siempre hay algo de vértigo y bullicio. Por las ventanas brotan aullidos de lobos, banderas agitándose, personas plenas de vida que se asoman para cantarle al mundo sobre sus colores amados.

Cada vagón tiene sus personajes y su historia. Hay uno donde Silvia acompaña invariablemente a Lito mientras él pinta y arregla, y al que pasa por allí lo pone a laburar por Gimnasia. Otro donde la bruja Pérez pasea enmascarado de Lobo. Otro donde el Turco Gorgis espera agazapado que el tren frene en Quilmes para parar piedras con el pecho. Otro vagón tiene la primera bandera gigante pintada del mundo, y los Amuchastegui – todos – están sentados arriba, cuidándola, junto al “Loco” Córdoba, “Bombóm” y “Gatica”. Otro vagón tiene muchos pibitos, con sus camisetas sucias de jugar sobre el barro, y donde aparece Cristina repartiendo chupetines, como si estuviera en la ochava y pasa Damián con su bolsa de pochoclos y el Torugo y atrás Mariano con Darío que les traen camisetitas nuevas. En otro vagón está Luis Díaz, cargando su mochila mágica donde lleva el estadio del Bosque donde vaya, junto a Teresita, Dardo Cotignola, Walter Lemejis, los Valledor, muchos más, todos planificando como mejorar el Juan Carmelo Zerillo, como hacerlo más localista o como mejorar todo el predio. En otro vagón está Coqui ¡con el tren en movimiento!, acompañado por el Colo, pintando escudos de Gimnasia. Huguito Sini pinta un ¡Viva Perón! y aunque “chiquito” Giorgi estaba ocupado pintando el techo del “poli” preparando todo para el recital de “Los redonditos”, baja enseguida a recordarle que en este tren hay de todos los colores políticos y que todos gritamos los mismos goles. En un vagón están la Rusa Rueda, los Cañete, Aníbal Vicente, Romerito y su piba, Huguito Cánepa, Oscar Butín, los hermanos Encalada, la “Gitana” bailando y por el techo pasa la bestia pop: el “Negro” Jose Luis. En otro están nuestros héroes de Malvinas. En otro vagón, Ofelia de estricto azul y blanco, siempre llegando con Giselle a 60 y 118. En un vagón está Alejo García Pintos con su familia, y más allá está el cuervo con su bombo con la cara de Evita y en otro vagón, decenas de combies ¡sí, adentro del vagón! combies que son de la “Banda de Zulma”. En uno está el gordo Montesino con su boina azul y blanca,y más allá el “Topo” Roberto Sanguinetti y Manolo, fundadores de Centinelas del Bosque y Obdulio Tomatti junto a los muchachos de “Arriba Gimnasia”. En otro está Danell y sus espías triperos internacionales y también los integrantes de filiales, sentados, disfrutando el documental “Bosque Profundo” de Dieguito Galliani. En otro vagón está Facu, Batata, Luis y Pico, los tres escribiendo, se vienen notas y entrevistas y uno ya se emociona.

Muchos nombres se me escapan, pero están todos en el tren, lo veo a Ale Díaz hablando del semillero, Hay reunión de la Filial “Ariel Alonso” de Necocheay, también, de la Filial Ensenada. EstáWalter Marino pidiendo unas monedas, “Banana” Sosa con un mono con la camiseta de Gimnasia, están los Alzogaray, los Medina, los Burriel, los Ruíz, los Baña, los Vincenzi, está Fede Trapani, siempre, siempre, unido a Eva y a Pedro. Y está “Coco” Lamberti, está Tito Durán, está Enrique Kobla del Mondongo, está Gustavo Bagnola con su prole, está Jorge Antonucci y Antonio Gargiulo examinando qué refuerzos convienen, está Miguel Pacheco desplegando la foto de Favaloro en el museo y están Osvaldo y Moni Altuna recibiendo a los pequeños deportistas en la sede. Están los nietos y los abuelos que se encuentran en cada abrazo de gol, como Franco con el suyo, como Tatiana y tantos otros, están los deportistas, los que salieron del semillero, los que lloraban en la tribuna, popular o techada, cuando el Lobo salía al campo de juego. Están los que ganaron la batalla y levantaron la tribuna Basile. Está el “Loco” Tabbia empapado, es que se tiró al río Paraná envuelto en la bandera para defenderla. Y muchos, muchos más. ¡Perdón! es imposible nombrarlos a todos. Y algo está claro: es muy difícil, para los que no viajan en este tren, comprender cómo se vive todo siendo de Gimnasia.

Uno va de un lado al otro del tren, nunca cesa la emoción. Tribuna Gimnasista de Néstor Basile. La victoria sobre el Barcelona en la gira por Europa. El día del Hincha. La donación de sangre en las fechas patrias. Las ollas populares en tiempos difíciles y el guiso de lentejas en el Bosque el 3 de junio. Las avalanchas, la previa en los clásicos con la tribuna desbordada y los papelitos en las manos, el terremoto, el festejo en el 2005 que terminó en la catedral, el volver a llorar con el final de la película “La Pasión” de Ale Encinas. El ir a copar el teatro cuando nos llama Marito Díaz, el mismo que me regaló la entrada para ir a aquel triunfo en el clásico con los 2 goles de Gambier y festejando, pegado al alambrado, “caí” en la foto de “Tribuna Gimnasista” Nº1. También es recordar a Juancru, Male y Mari en la sede, con otros cientos de triperos, dando una mano a la ciudad tras aquella fatídica inundación, triperos cómo César, como Pachi, como Fede, como Javi, como Tincho, que no se pusieron para la foto, sino que pasaron días ayudando porque eso también es ser de Gimnasia. Todo es parte del tren y todo es parte de nuestra identidad.

No sería yo Rafa Ton si me sacaran esta historia de vida que es ser de Gimnasia. No sería yo sin esta vía recorrida. El Bosque, los recuerdos, los sueños, los encuentros, los abrazos. El perder una final de promoción 3 a 0 y cuando llegas para comprar la entrada para el otro partido encontrás que el presidente Walter Gisande hizo abrir las boleterías antes de tiempo por la cantidad de gente que se había amontonado. El día que nevó en La Plata, nadie se puso de acuerdo, fue instintivo, nos encontramos allí en el Bosque con el Ruso, con Amadeo, con Graciela Sajavicius, con tantos otros. Qué bien se siente el reír al  recordar que mientras íbamos rumbo a lo de “Peco” San Román, con Néstor Basile y familia, el “ronco” casi choca con su viejo duna blanco por festejar un gol de “Chirola” Romero – en Racing – contra la “contra”. Es encontrarse de casualidad con Mauro, con Chivato, con Piojo o con Majo Cosentino, con Tonchi, con Carlitos que siempre me saca una sonrisa, con Daniel y con tantos otros amigos y que el saludo sea una hora hablando sobre Gimnasia en la calle.  Es hablar de algún tema con Nachito, con Henry, con el “Negro” Paladino pero que siempre aparezca el tema de Gimnasia. Son las ganas de ir a Estancia a comer unos choris con Franco, Jona, Pato, Fer, Juanma, Diego, Naza, en fin, con toda la banda.

Viajando en  éste tren uno va comprobando que Gimnasia tiene entrelazada una bandera insignia: la amistad. Una bandera fuerte y extensa, del último vagón hasta la locomotora. Me animé a hablar por radio empujado por mi amistad con Néstor Basile. Cuando mi amigo Fercho me convocó para ayudar en el partido homenaje a Griguol (junto a Lycho, Flor, Julio, Pablo y más amigos) y en la publicación de la Revista Ginasiá! junto Marcelo Zilla y Juan Maldonado. Cuando publiqué libros, allí estuvieron Ana Herrán, Camilo, Liz y más amigos, siempre tendiendo su mano. Cuando llevé a cabo el espectáculo “La Patria Gimnasista” tuve a Celina ayudándome, y cada una de esas noches terminábamos con Vero y con más Triperos y Triperas filosofando o planificando como ayudar al club. Cuando íbamos con el “doc” Santi Giordano, Eze, Leo, y más amigos a pintar frases y Lobos en nuestro Bosque, mientras escuchábamos los partidos por radio. Cuando viajé con Euge y Marianella a Jujuy con la filial “Pampa” Sosa. Y, especialmente, cuando las cosas no iban bien y me llamaban o se acercaban para ayudar, es decir la mejor clase de amistad, eso también es Gimnasia.

La victoria con gol de Hugo Romeo Guerra en Liniers, el festejo tras el gol de Troglio en el Minella, el sacudón de la ciudad por el tanto de Perdomo, cada gol, cada partido, sea cual sea el resultado, nos dejó anécdotas que al evocarlas nos hacen reír o emocionarnos, son caricias al alma y eso vale más que cualquier otra cosa. De visitante, durante años, fui con Diego, Polito, viajes inolvidables como el de Mardel junto a Caro y Huguito. El haber compartido con ellos aquellas aventuras es impagable. Cuando empezamos a ir juntos yo trabajaba con Samanta en el club y un grupo de gente excelente, eran los primeros años de Héctor Domínguez de presidente. Polito y Diego militaban en la agrupación que lideraba Marcelo Ferrari junto a otro grupo de gente excelente. Nunca discutimos. Y siempre nos abrazamos en cada gol y en cada derrota, porque nuestro amor por Gimnasia estaba por encima de cualquier diferencia.

Este viene a ser un incompleto y breve trazo de este Expreso donde elegí viajar por procedencia popular y por convicción personal. Nuestro tren es plural. Cuando descarrila, de una manera u otra, vuelve a avanzar porque no sabe de abandonos, resiste piedrazos y malos manejos, sobrelleva el peso de ese conglomerado de locura, rompe la lógica al saltar sobre los rieles, siempre vuelve a su hogar en el Bosque, crece por el empuje de los de abajo hacia arriba, asombra a los que lo observan distantes, nos nutre de anécdotas emotivas.

No se trata de ser fan de un jugador, de acercarse por los buenos resultados, no es ser hinchas de las veces que se ganó, no es sentarse en un cine a ver ganar y nada más. En este tren todos somos parte, y esta cuestión va más allá de derrotas, empates y victorias, se trata de cómo vivir lo que nos sucede, de pertenecer a una tribu que nos hermana; De valorizar lo que tenemos pero muchísimo más el disfrutar y el defender como somos. Nos unimos al recibir al equipo, festejamos los triunfos sacudiendo la tierra y, en las difíciles nos movilizamos más que nadie.  ¡Como nos llena el alma el viajar en este tren!

Rafael Ton


Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here