PAPELES EN EL VIENTO

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Es como un estallido. Cuando la gente tira hacia arriba su manojo de papelitos, en los mismos uno puede ver la cara de Maradona llegando hace sólo algunas semanas, a Tinelli conduciendo el Bailando, alguna desafortunada frase de Macri o algún anuncio clasificado de poco interés. Todos juntos dejan de ser esas letras, esas imágenes, pasan a ser la comunión de distintas esperanzas elevadas al aire. Poco después caerán, se esparcirán entre el cemento, y con la brisa que hamaca los árboles serán papeles en el viento.

Es notable que aún podemos destacar ciertas imágenes. Claro, por enésima vez, gracias también a Diego Maradona. Para no ser grosero o irrespetuoso con la percepción de todos los hinchas, lo menciono desde el plano meramente personal: disfruté una vez más de ir al Bosque. Con mi vieja, con mi viejo, con mi gente. En un día gris, poco apacible, esos días de presión baja donde todo te cuesta más, después de estar en buena compañía, uno realmente sabe que está donde tiene que estar.

Fue difícil. Simplemente ver cómo pasó uno de los partidos más aburridos que hubo en el torneo, que podría haber cerrado tranquilamente sin pena ni gloria, no fue más que pena lo que quedó mirando la tabla de abajo. La expectativa que generó el triunfo en Mendoza fue quizás lo más doloroso de un equipo apático, sin ideas que exhibió lo peor de sus condiciones. Que hizo gala de las limitaciones en desmedro de las virtudes que ha sabido mostrar incluso en algunas derrotas.

 “No pasa nada” gritó alguno en la tribuna. Exactamente. Cuando Ayala o alguno de los volantes cruzaba mitad de cancha y oteaba el horizonte cercano, no había movilidad, cruces, ni acercamientos ni despegues por las bandas para organizar un ataque certero. La prolijidad y aplomo de Paradela destacan en un equipo donde no sobra la habilidad individual, y donde los pocos que la tienen no la han demostrado. Matías García se contagió de Tijanovic: mucha voluntad pero estéril en la resolución. Pocos tiros al arco y centros precisos

Esta vez, los cambios que dispuso el cuerpo técnico no favorecieron al juego. El Monito Gómez sigue sin tomar ritmo, Alemán tampoco y Coronel no necesitó más que ingresar para cometer un error que le costó el gol en contra. Ante el resultado adverso y la flaqueza de las armas, la dupla Maradona-Méndez tampoco mostró reacción. Pelotazos frontales que rechazaban fácilmente Gómez Andrade y Bottinelli, la falta de contención a Carabajal y Bonifacio entre otros errores no fueron corregidos. Vargas sigue sin estar en el radar y Velázquez también a pesar de que no hizo mérito para ser desestimado.

Al contrario, Unión fue práctico como siempre le requiere Leonardo Carol Madelón, que en los pies de Bonifacio replicó el gol que hace algunos meses nos hiciera Zabala en Santa Fe. Un centro cruzado y una nueva desconcentración de Lucas Licht que a quien lo superaron como cada vez que le ocupa cubrir la banda. No menor: Guiffrey fue reemplazado por Coronel y el gol fue inmediato y en su zona.

Nicolás Mazzola hizo lo que no pudo Contín, Carabajal lo que no pudo Tijanovic, Moyano lo que no viene pudiendo Martín Arias. No fueron posiciones ni ideas dispares, sino las mismas responsabilidades incumplidas por Gimnasia y satisfechas por el Tatengue.

Lo que esperábamos de un Lobo renovado, con otra iniciativa o cuando menos, aprovechando las pelotas paradas no apareció. Ni la irreverencia del Caco, ni la dinámica de Comba, ni la precisión de Ayala, ni los goles de Contín, ni la habilidad de Alemán que se perderá el resto del año por lesión.

Buscamos en lo humilde, en lo cercano, en lo que nos acaricia el corazón la inspiración para seguir. Por el fútbol, la demostración de fortaleza y carácter que dio hace semanas no se hizo presente.

El impulso de aquel 4-2, el baile de Diego, la pegada de Ayala y la concentración de nuestros hombres fueron ese estallido, que cayó tristemente sobre la tribuna para sólo ser papeles en el viento.

Lautaro Fernández Elem.-

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