UNA TARDE DE SOL

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Desahogo del Lobo. Desahogo de Diego.

Durante toda la semana al leer ante la audiencia el pronóstico extendido, siempre me encontraba apesadumbrado por las lluvias anunciadas para sábado y domingo. Felizmente no fue así. Fue una tarde de sol.

Temprano preparé el mate y nos fuimos para la Isla Maciel. Jugaba San Telmo, que a diferencia de nuestro Gimnasia, con el triunfo quedó puntero en la B Metropolitana. Gran partido. Un gol de Armenio poco explicable sobre el final del primer tiempo. El  candombero con una racha de 17 partidos sin perder como local, tenía que levantarse. Fui testigo de quizás el mejor gol del fin de semana. Damián Toledo, baluarte 5 y capitán de Telmo la agarró de atrás de mitad de cancha y sorprendiendo a todos la clavó al segundo palo. Luego el segundo y el final 3-1 llegarían por el ímpetu y el buen juego del equipo de Lisa.

Todo era satisfacción tratando de ocultar los nervios de lo que venía, es que ya era lan 13.15 y no había terminado de cruzar el puente para llegar a casa y ver a Gimnasia. No pasan los dos minutos y los grupos triperos me informan por WhatsApp que Contín, sí, Contín abría el marcador. La mismísima noche anterior, en una mesa gimnasista se escuchaban los consabidos “está gordo” y “no puede jugar”. Nobleza obliga, yo opiné durante la semana que no había que sacar a Velázquez. Enhorabuena, Gimnasia tiene dos 9 en condiciones de ser titulares.

Hubo que poner la radio, hubo que esforzarse para que el streaming agarre. Y nos encontramos lo que deseábamos pero no habíamos visto. Un Gimnasia potente, con identidad ganadora y con los recursos efectivos para concretarlo. Diego metió mano en el equipo y rindió, mas no lo menciono por este encuentro sino por lo que viene mostrando desde su llegada. Y en algún momento se tenía que dar. Se cambió a los volantes, se cambiaron los esquemas y el Lobo generó en 4 partidos más llegadas que en los últimos tiempos. Faltaba la definición, faltaba esa resolución propia de la confianza cuando las cosas no salen.

Con el empate mendocino, por un momento vimos repetirse la historia. Otra vez el merecimiento estéril y la insuficiencia del ímpetu. Con hombres de más y mejor juego, Gimnasia se quedaba sin lo que le correspondía.

Hace días hablábamos de la grandeza de Diego Armando Maradona. Que si ya era enorme cuando llegó, no logro aún imaginar cuál será su inmensidad cuando este hermoso sueño termine. Le dijo a Ayala cómo tenía que patear, el tipo le hizo caso y metió dos goles de tiro libre. La defensa le hizo caso y aguantó, los volantes le hicieron caso, contuvieron y generaron juego cuando fue necesario.

Hay quienes ante la llegada de Diego, nos emocionamos hasta las lágrimas. Lo vimos –y lo es– como una oportunidad histórica, un regalo de la vida en la síntesis de pasiones. Pero no estábamos contentos por la incorporación de un buen técnico, o por lo menos, no estimábamos sus capacidades en su justa medida. Este sábado pegó otro estirón. Creció aún un poco más, él y su amor por Gimnasia. Porque demostró todo lo que vale como DT, lo que puede hacer junto a su equipo.

La alegría nos inunda, porque tenemos fe en que sea una bisagra. En que el buen juego se exprese en resultados y en que la senda del triunfo nos coloque de nuevo en el rumbo necesario. Y aun si así no fuera, esta simbiosis cultural, terrenal, pasional y futbolera seguirá trepando escaños de una escalera infinita.

Perdón si hoy no fui preciso, si no describí como funcionó el doble 5. Simplemente funcionó como lo viene haciendo, pero esta vez la pelotita entró, Gimnasia ganó y nos pone así. Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, Diego.

Lautaro Fernández Elem.-

Desahogo del Lobo. Desahogo de Diego.

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