GRANDEZA

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Pequé de ingenuo. Es cierto. No lo viví en plenitud, en su mejor momento. No lo vi jugar ni superar en una cancha lo insuperable. Tal vez por eso fue. No es que lo haya subestimado pero tampoco lo recibí pensando que su misma figura se iba a engrandecer. Engrandecer día a día.

No conforme con generar una revolución en la Ciudad de La Plata, se encontró con quienes lo tratamos de hacer feliz -y creo que aunque sea minúsculamente lo estamos haciendo- y nos dio alegría también. Se abrazó con su pueblo a través de la camiseta del Lobo. Convocó a propios y ajenos a hacer fuerza por nuestras humildes huestes, ahora envalentonadas por la pujanza tan divina y terrenal de su referente.

Maradona es Maradona, el más grande, «el Diego, el Diegote» decía algún loco al que abrazamos. ¿Cuánto más grande puede ser? Bien. El tipo se paró frente a nosotros, sus amantes, quienes sólo agradecimientos por su gracia tenemos para ofrecer, y nos pidió perdón. El perdón más innecesario e injustificado que existe, el sincero. El de aquel que sabe que no es el responsable pero toma la bandera caída y la iza guiando la batalla.

No termino de tener claro si a pesar o gracias a las derrotas. Porque merece ser destacada la transformación, de un equipo sin espíritu, sin juego, a una escuadra que mereció ganarle a los primeros de la tabla. Gimnasia se reconstruyó, se vio clara la mano de Dios en el aspecto emocional pero fundamentalmente en el juego. Un equipo que avanza, que ataca, que fortaleció su mediocampo y que generó muchas ocasiones de gol.

Sí, «no saben definir» dirá usted. Claro, falta gol. Claro, seguimos hundiéndonos en el promedio.

Algunos que creen que saben de fútbol ya nos han hecho recomendaciones. «Tienen que ganar, tienen que meter goles». Chocolate por la noticia dirán algunos, «mansplanning» otros más pibes. Obviamente Gimnasia necesita ganar, el asunto es cómo, siendo que hizo cambios, jugó mejor, llegó al arco, se plantó, tuvo dinámica de visitante, local y ante rivales de jerarquía.

Aquí me atrevo a la falta de aseveraciones. A la falta de certezas: no sé qué tiene que hacer Gimnasia para ganar. Ni el entrenamiento ni el fortalecimiento anímico que ha traído el flamante cuerpo técnico parece resolverlo. Será el golpe de efecto, será que cuándo entra una, entran todas. Que hay que romper el karma y lo resto viene solo. Mucho no creo en eso, pero cierto es que todos somos ateos hasta que el avión se empieza a caer.

El Lobo irá a Mendoza para volver con lo que deberían ser los primeros tres puntos del torneo. Un equipo golpeado el Tomba que ofrece espacios para que Gimnasia se saque la mufa y convierta como lo viene necesitando. El sistema de juego parece el adecuado, superamos a nuestros rivales, pero por alguna razón, todavía no se da.

Y como no tengo respuestas, no puedo más que recurrir a una decisión ante la incertidumbre. Y no es más que aferrarme a la única certeza que tengo. Y es que pase lo que pase, Gimnasia y Diego mercen su simbiosis y hay que pelear para defenderla. Y defenderla como sabemos, defenderla sin reparos, defenderla creciendo, defenderla siendo grandes, defenderla sin achicarse porque de ese abrazo vendrá la gloria eterna, la gloria de aquellos que nunca paran de crecer. – Lautaro Fernández Elem –

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