CREAR O DESCENDER

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Tijanovich, rodeado (foto: @gimnasiaoficial).-

Lo planteamos y pregonamos desde este espacio cada partido. Frente a Lanús, San Lorenzo y Colón destacaron la falta de definición y los errores puntuales. La esperanza se aferraba a la posibilidad de convertir y de corregir fallas puntuales. La última derrota transformó el escenario, el cual se ha vuelto desesperante.

No tenemos la certeza de que futbolísticamente se haya tocado fondo: dos fechas más donde el malón que pelea abajo gane y el Lobo pierda, y encontraremos una coyuntura prácticamente irreversible.

Hay derecho a la bronca. Todos lo tenemos, y quizás es el momento para expresarla. Peor sería insultar a todos los presentes jugándose la fecha 23. Los triperos sabemos que la honda pena que nos consume en cada golpe nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, en cerrar las ventanas y hacer un duelo interno. Marca la pauta de que aún queda mucho por delante, el hecho de que esta vez la pena se expresó, se liberó y dio un veredicto: o creamos o erramos.

Parecía un buen arranque. El local alzó la presión, forzó errores de la floja defensa de Varela y atacó por los flancos. Penosamente se tomó la decisión de cambiar de perfil a Comba y a García, ninguno de los dos estaba ubicado en posición de desbordar y tirar el centro, mas tampoco engancharon hacia dentro y le pegaron al arco. Fueron apoyos de Alemán las pocas veces que tocó la pelota, y sólo una estación intermedia entre el tibio avance de Licht y Morales, y la palidez ofensiva de Tijanovic. Sobre este último reiteramos una vez más: se sacrifica, se esfuerza, presiona, marca. Pero no toma ni una buena decisión con el balón en sus pies.

Velázquez fue referencia aérea. Bajó los bochazos, ganó alguna que otra en el área. Atrás no hubo mayores problemas y Ayala estuvo firme, aunque el hecho de ser un 5 en solitario le haya restado tiempo para hacerse cargo de la distribución.

Hasta ahí. Más o menos bien.

La bisagra del partido por completo fue el último tramo de la primera mitad. Lógicamente la intensidad bajó pero, no conforme con lo mismo, Ortiz hizo retroceder casi 20 metros a Gimnasia. Pasó a ser un equipo defensivo, que cuando Alemán en alguno de sus pocos contactos con el balón, cruzaba mitad de cancha, se veía en absoluta soledad. Ni iniciativa para organizar un ataque ni reacción para efectuar un contragolpe. Sólo atrincherarse en una defensa que con los minutos empezó a flaquear.

El segundo tiempo empezó mal. El ingreso de Mussis restó en técnica y tampoco sumó en contención. Velázquez iba a ser necesario para buscar el resultado y Spinelli no hizo más de lo muy poco que ya venía mostrando en los partidos anteriores.

Un desconcierto generalizado. El Gordo no fue ni doble 5 ni carrilero, los marcadores de punta decayeron, Defensa y Justicia se encontró con los espacios y también con que le habían obsequiado gentilmente la pelota: todo mal.

El error infantil de Janelier Rivas de no quedarse fuera de la cancha para forzar el offside, merece sólo decir que viene de jugar en la India. Martín Arias sigue sin confianza para salir y el resto, sin convicción para despejar. Otro error, otro gol.

El panorama es negro. Pocas veces en las temporadas aciagas que nos ha tocado vivir nos habíamos visto tan mal tan rápido. De no ser porque estamos a varios meses de la finalización del torneo, ya tendríamos la certeza de lo peor.

El pesimismo convierte lo difícil en imposible. Por eso nos negamos a dar por muerto a Gimnasia como lo han hecho varios. Ante lo mismo, Hernán Darío Ortiz tiene dos opciones –si es que sigue en el cargo–: a) jugar partido a partido. Es decir, relegar sus intenciones de juego propio para intentar neutralizar al rival y jugar como si fuese eliminación directa cada fecha. b) cambiar drásticamente y cuantiosamente de nombres (esto incluye jugadores que de reserva y relegados del plantel).

El famoso recurso del cambio de técnico es una incógnita. Por supuesto nadie se fía de su resultado, sólo es un cambio que intenta generar esperanza –algo así como Lacunza asumiendo de ministro de Economía en una debacle innegable–.

Ya habrá tiempo para hablar de los evidentes errores pasados, en la conformación del plantel, del cuerpo técnico, de la coordinación futbolística, etcétera. Hoy lo necesario es apuntar, proponer y corregir, lo único que pedimos es que se escuche a quienes han acertado y no a quienes más se han equivocado.

Lautaro Fernández Elem.-

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