FUTURO POR PASADO. CENTROS POR PELOTAZOS

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Fue derrota por la mínima diferencia ante San Lorenzo (foto: @gimnasiaoficial)

En 2015, Daniel Scioli tenía una muletilla: ante varias preguntas en plena campaña apelaba a estos conceptos para generar expectativas de lo que había por delante. Fe, esperanza, salud y deporte encontrándose como áreas de gobierno, políticas de desarrollo y palabras de autoayuda.

Así está Gimnasia. Con lo que pueda aportar uno, el otro, con huevos, con cabeza, con fútbol, etcétera. La realidad es que hay que materializarlo. Y materializarlo es, en simples palabras, meter goles.

En esta ocasión, desarrollamos no por línea sino progresión cronológica del partido, donde vamos a ver un hilo de juego claro con altibajos en la intensidad y algunos errores tácticos en la ejecución de lo que fueron buenos cambios del Indio Ortiz.

Gimnasia arrancó muy bien. Ordenado atrás, y entendiendo que García, Melluso, Tijanovich y Spinelli debían atacar sobre el flanco más débil de San Lorenzo: Coloccini y Peruzzi. Así lo hicieron, con poca sorpresa por parte del marcador de punta y con mayor claridad desde García y con Tijanovich que, así como Spinelli, demostraron que su voluntad inefable los hace mucho mejor “presionadores” que delanteros, no sólo por falta de efectividad sino también por falta de técnica individual y de aciertos en la toma de decisiones. Se generaron chances, pero se desperdiciaron.

En el primer tiempo Gimnasia fue ordenado y prolijo para defender y atacar. La defensa visitante fue muy floja y no se supo aprovechar, en las pelotas paradas hubo victorias aéreas pero sin destino de red. Bien -no “descollante” como muchos dicen- el exarquero tripero Nicolás Navarro, uno de los jugadores en actividad más irritantes a la hora de hacer tiempo, que esta vez fue apenas un poco más medido por jugar en el Bosque.

Mussis volvió a demostrar que no está en condiciones de ser el doble cinco del Lobo, quizás le vaya mejor en posición de ocho, pero el buen nivel de Comba no lo permitiría. En definitiva, una buena primera mitad que debió terminar con Gimnasia arriba en el marcador. Controló el juego en el mediocampo, Ayala estuvo certero en la distribución y los volantes supieron ganar los cruces. Mermó el ritmo entre los 35 y los 45, pero el Ciclón no lo aprovechó como hubiese deseado.

Esperanzados, nos fuimos en el entretiempo a los nuevos baños de la platea y a los viejos baños de la popular.

Esa esperanza fue oxigenada además por Ortiz, que en una decisión no sólo futbolística sino actitudinal que merece ser destacada, sacó a quien tenía que sacar y puso a quienes -no estaba obligado- osó poner. Afuera el cansino tranco de Mussis y las dificultades con pelota de Spinellli, adentro dos 9 de área. Quizás la audacia del DT para poner delanteros fue opacada por su reticencia a hacerlos atacar. Retrasó a Ayala formando una virtual línea de 5, llevó al medio a García y cambió de perfil a Comba y Tijanovich, quizás una de las decisiones tácticas más erradas de la tarde. En pocas palabras: pusiste dos nueves de área y en vez de tirarle centros, les tiraste pelotazos. Los lanzamientos a Velázquez encontraba a Contín fuera del eje para ganar la segunda pelota y viceversa. Comba y Tijanovich se veían obligados a perder un tiempo acomodándose para su pierna hábil e imposibilitados de desbordar sobre su banda. En el primer tiempo ya se había demostrado que la defensa de San Lorenzo flaqueaba en córners y desbordes y no en pelotas frontales. Por la derecha se pudo suplir gracias a los criteriosos arranques del afiatado Leo Morales, pero por la izquierda Melluso no se animó y sólo se pudo lograr algún envío con el ingreso de un zurdo (Lucas Licht).

Gimnasia luego de algunos minutos con los grandotes en cancha perdió claridad, se retrasó en el terreno y le cedió la pelota a San Lorenzo, que tampoco tuvo muchas luces en ataque. Bastó la pifia en el despeje del mejor jugador de la cancha y la floja reacción de Martín Arias para que el cuervo se lleve demasiado premio para su limitadísima actuación.

Mirando ya al hermoso cielo del Bosque pensaba “que pena empatar un partido que se podría ganar”. Un error de Tijanovich fue gol de Lanús, un error de Morales fue gol de San Lorenzo. Claro ejemplo de lo que se viene: no se puede regalar un ápice porque ni los mejores rendimientos aseguran siquiera un empate.

La llegada de Alemán nos esperanza a todos. Está cantado -o debería estarlo- su ingreso por Mussis para formar el clásico 4-3-1-2 parándose por delante de Ayala que hoy ya está en condiciones de asumir el control solitario del mediocampo.

Hay con qué y también hay cómo. La vieja pesadilla de “si la pelotita no entra…” se ha vuelto real y habrá que resolverla, sino se lo hace, el problema bisagra entre la derrota y la victoria será progresivamente reemplazado por otros.

Volvimos al Bosque y eso nos hizo bien. Nos encontramos, nos abrazamos y festejamos ser lo que somos. Falta mucho, hermanados con la esperanza y divorciados de la resignación, los triperos vamos a salir de esta.

Lautaro Fernández Elem.-

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