¿POR QUÉ OREJA?

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Facundo Julián Oreja (foto: Eva Pardo).-

Lo sabemos, no es un imprescindible. Y no es grave decirlo, puesto que no son muchos quienes justa y coherentemente han sido merecedores de ese mote en Gimnasia y en el fútbol argentino. Y es que ya poner en discusión si el concepto le es acorde o no es un motivo de reivindicación para un lateral derecho.

Llegó para un juego bien conocido, para una B Nacional áspera en la cual el orden y la fortaleza hacen la diferencia. No le tocó aguantar a los mejores wings del país, pero lo cierto es que dominó con creces a los delanteros que le tocó recibir.

Oreja, Barsottini, Blengio, Licht ¿Habilidosos? Sólo el Bochi ¿Fuertes? Todos ¿Criteriosos? Oreja.

Un equipo donde Monetti fue baluarte, donde Mussis y Nacho Fernández ayudaron siempre a los marcadores de punta y donde la defensa no encontraba sobresaltos por la velocidad de sus rivales; sobresaltos que sí supo forzar en ataque a los rivales, al entender Pedro que no había que jugar con un 9 de área sino con dos pequeños corredores como Pereyra y Niell ante la lentitud generalizada de los centrales de la categoría.

Nunca fue un gran pasador, hay que decirlo. Quizás por eso el factor sorpresa le ha jugado a favor en cuantiosas ocasiones. Siempre que fue, volvió. Los momentos críticos en ese desorden se dieron cuando volantes como el uruguayo Rodríguez o Bonifacio jugando de 8 no llegaban a suplantar su recorrido. Siempre tuvo problemas cuando lo pusieron de 3, lo cual es plenamente entendible. Fueron decisiones erradas tanto de Troglio como de Gustavo Alfaro quienes, así y todo, fueron quienes mejor entendieron al jugador. Así como Ángel Cappa a Rinaudo, Mariano Soso le agregó a Facundo Julián lo que le faltaba, el sencillo criterio de jugar a dos toques. Usted dirá: “¿cuándo jugó a dos toques?” y yo diré que cuando fue necesario, claro, juega de 4 y no de 5 por lo cual no se le exige la precisión como a un volante o a un defensor central.

Como curiosidad, cabe destacar que Facundo Oreja solió incurrir en un movimiento tan recurrente como gracioso: cometer errores con la pelota en los pies y saldarlos inmediatamente con su fortaleza en la marca, llevándose la aclamación del triperío. En otras palabras, la pierde para recuperarla y se gana la ovación.

Hay que decirlo, durante algunas temporadas le comieron la espalda. Hernán Crespo bien indica: “el periodista no puede decir que ‘el defensor se durmió’ tiene que aportar algo más porque si no, no sirve su labor, es sólo un hincha”. Bien. Oreja no juega adelantado, porque ni Troglio, Soso, Alfaro ni Ortiz juegan al achique sino al orden en los relevos y a la firmeza en la defensiva. Allí es donde siempre se sintió más cómodo el rubio de vincha, no en correr de atrás sino en el mano a mano amén de que recordamos grandes quites llegando a pasar la línea de la pelota–. Cuando en ese juego empezó a ser sobrepasado, es cuando lógicamente el público tripero comenzó a resistirlo.

El trasvasamiento generacional con Bonifacio nunca se logró y Gimnasia nunca tuvo planeado gastar dinero en un lateral derecho, y bien que hizo, porque meses después Hernán Darío Ortiz demostró que lo que tenía a disposición era plenamente aprovechable.

Y ahora sí. El valor más importante que resume toda esta exposición. Facundo Julián Oreja, así como Lucas Licht, conoce a la perfección su puesto y sus condiciones. Lo que puede y lo que no, donde sirve y donde no. Eso le permitió trabajar como un profesional durante tantos años y rendir mejor que muchos jóvenes. Cuando le llegó la hora, comprendió y agradeció el tiempo en que su entrega y trabajo fueron bienvenidos por Gimnasia.

Su currículum es perfectamente acorde a un equipo de primera e ideal para la B Nacional. El marplatense será respetuoso y agradecido al club de buen trato y defenderá los intereses de quienes muestren respeto por él. Fue delegado del plantel en los conflictos salariales con Gimnasia y con la AFA en distintas ocasiones y se ha brindado económicamente al club en gestos que nadie le exigió y que pocos reconocieron. Y aun si no los hubiese hecho, no merecería repudios.

Se va querido y queriendo, lo que más nos gusta a los gimnasistas. Hay quien lo valora más o menos. Claro, no merece una estatua, no merece una tribuna, hubo jugadores más representativos de nuestra institución, pero es un ingrato y un desconocedor quien menosprecie sus años con la del Lobo. Camiseta que aprendió a querer y que enseñó a respetar.

Lautaro Fernández Elem.-

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