PONER HUEVO, PONER JUEGO

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Foto: Prensa CGE.-

Electrizante. Potente. Pero también inteligente. El triunfo de Gimnasia en Rosario nos conmovió y, en cierto modo, explicó buena parte del reclamo formulado al Indio tras el partido en el Bosque. El Lobo puede, tiene con qué ser protagonista. Está en condiciones de tener aspiraciones, dar batalla arriba, dejar atrás el horizonte de pelear por no perder la categoría.

Gimnasia se plantó de modo integral. Sin olvidar la preferencia del DT por dar algunos metros hacia atrás para salir en vertical, presionó arriba e intentó manejar el balón. Así es como empezó a llegar.

El gol de Newell’s, un fortuito cabezazo de alguien que no es cabeceador y una vez más los problemas de Martín Arias para (no) salir.

La expulsión de Faravelli amenazó con trastrocarse en tragedia, pero la actitud, la personalidad del equipo se reposicionó y se elevó por sobre todas las expectativas.

Rebatiendo lo dicho en el envío anterior y en el análisis post clásico, con diez hombres Gimnasia retomó el control. Ortiz expresó lo que hizo en el clásico ni en el segundo tiempo del último partido. Nos hizo vibrar con llegadas continuas en profundidad.

Un claro penal contra Hurtado que además ameritaba expulsión por último recurso del defensor rosarino, amenazaron con nublar los mejores esfuerzos. Parece evidente que Abal tenía ciertas preferencias. Pero el Lobo se repuso, insistió y siguió arribando a la línea de fondo de un Newell’s penoso como dijimos hace días.

Gran trabajo de Mussis, bien la zaga. Los laterales cumplieron y arriba el esfuerzo resultó desbordante. El ingreso de Silva fue clave pero la compañía que recibió, también. Con un hombre menos, sobre mediados del segundo período Gimnasia fue un aluvión.

Cuando resultó innegable el crecimiento gimnasista, el árbitro se rindió y finalmente, otorgó el penal que pudo afirmar una diferencia que debió haber sido superior. Para sorpresa de propios y extraños el uruguayo la picó, en sutil homenaje a su Loco coterráneo.

Premio para un Indio Ortiz que evidenció sabiduría para cambiar a tiempo, después de la lánguida derrota en el Bosque y este domingo, en el mismo entretiempo, colocando las piezas con audacia para poder llevar al Lobo a una nueva etapa de esta extraña Copa de la Superliga, que hace renacer la esperanza.

Esperanza no sólo para este breve torneo sino para una temporada donde Gimnasia tiene la obligación de mentalizarse en objetivos serios y contundentes. No sólo porque nos entusiasma, fundamentalmente porque es más que posible.

Lautaro Fernández Elem

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