ESO ES LA PINTURA

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Golazo de Tijanovich y delirio (foto: Ramiro Domínguez).

“¿Viste cuando charlás con alguien y se te mueve el piso, que quedás así flasheado? Así…”. Si quiere conocer más, lea hasta el final.

Vi el primer partido de este torneo desde la popular de 60 y el último también. En realidad, mi lugar es en el Bosque, ahí al ladito de la ochava que le da la espalda al Monumento. Siempre fuimos ahí, no sé bien por qué pero con mi viejo y mi primo nos abrazamos de ese lado. Esta vez el solazo me perforó el rostro pero pude tener ante mí la panorámica del Bosque en su esplendor, pleno de barda a barda, radiante ante el sol y el brillo de la tela blanca y azul en contraste con el verde césped. “Entrecierre los ojos y aprécielo así… Bueno… Eso, eso es la pintura”, decía en Viejo con Árbol el Negro Fontanarrosa.

No podía menos que ponerme a jugar un poco con las palabras, siendo esta el último suspiro de una temporada acuciante.

Los partidos recientes me reunieron con el Indio, a pesar de mi desconfianza inicial y de mi enfurecimiento post clásico. Gimnasia es un equipo. Demostró que tiene con qué y que la clave es reforzar lo estratégico y necesario, no incorporar un buen aguatero que cobre en dólares. Aprovechando el tema, y desde este espacio me arriesgo a vaticinar un gran problema económico en Central, con la contratación de Diego Cocca y sus iniciativas, no sólo costosas sino también irrespetuosas ante los clubes que lo alojan.

El esquema táctico funciona. Si no fuese así, no podría jamás incorporarse al sistema a Chávez y Bolívar, nuestra dupla bolivariana en un club que sigue sumando adeptos entre los hermanos venezolanos.

El orden táctico y la primer indicación de la era Hernán Darío Ortiz que aquí adelantamos sería “cada uno en su lugar” surtió efecto. Licht y Oreja se afianzaron como marcadores de punta y los volantes como volantes. Hurtado de afuera hacia adentro y cabeceando en el punto penal como corresponde a un 9 de área, lugar en que se manifestó más cómodo.

Lo negativo: la descoordinación eterna entre los centrales. Si bien Coronel erra menos que antes, parece que le tiró la pelota a Piovi -en mi consideración una de las mejores incorporaciones del último mercado- que no ha rendido al 100 % desde su retorno posterior al problema renal. Y de visitante, el retraso mezquino que va a traer más derrotas que victorias.

Es cierto, Colón entregó poco y la temprana lesión del Pulga Rodríguez fue para beneplácito tripero. Uno se alegra siempre y espera nunca dejar de hacerlo, pero nuestra vara futbolística ha quedado algo baja y es necesario que ganar de local contra equipos de mitad de tabla sea una costumbre y no uno de los triunfos más valiosos del año. Eso paulatinamente es lo que recupera Ortiz para un equipo en reconstrucción.

Sí, me ilusiona la Copa Fantasma. Inventada por pedido de TNT y Fox ante la necesidad de Superliga de llevarse la mayor cantidad de dinero posible antes de su cercana desaparición. Gimnasia ha demostrado contundencia en los mano a mano y, el hecho de jugar copas ayuda a reforzar el plantel, sea o no prioridad durante el próximo semestre.

Mediando este irregular torneo mi disgusto se fundó en pelear el descenso sorpresivamente, fue duro y exigió reforzar estructuras que aún no se han galvanizado. Hoy el plano es diferente y nos remonta a aquél 2009. Con herramientas robustas y con otra perspectiva, pero en definitiva -como aquella vez- ya advertidos de que será un año largo y complejo. Desde agosto hasta julio vamos a sufrir, es importante saberlo desde el vamos y no encontrarse en el mes de abril 2020 con que Sarmiento de Junín se nos escapa.

El balance final es bueno, no es demasiado exigente para un equipo que venía en franco declive pero sí necesario ante un futuro tormentoso.

Gimnasia y Esgrima La Plata ha exhibido un fenómeno particular. Y es que sus deportistas elevaron la vara y exigieron como no es habitual. El orgullo del futbolista profesional no sólo es mancillado por sus pares, sino también por quienes están algunos escalones más abajo. No sólo no ser menos que el rival, sino también, no ser menos que las deportistas del club.

Desliz final. [viene de tapa] El pibe no es tripero, pero sí amante del fútbol. Conoce las canchas del ascenso y las de primera. La última vez que lo había hospedado el Bosque fue de visitante. Es decir: no es un sobrinito fascinado en su primera vez al Zerillo. Es un hincha, como yo que escribo y usted que lee, pero de otros colores en su corazón. Sin emoción violenta, horas después del partido, todo este extraordinario asunto que es Gimnasia “me pegó fuerte mal. El Bosque, la cancha, el escudo, la gente, La Plata. Me volvió loco. Voy a volver a ir, sábelo”.

 

Irremediable tozudez

de reincidir en la pasión,

de dar la espalda a la razón

y revivir eternamente,

porque en estado permanente

es de Gimnasia el corazón.

 

Lautaro Fernández Elem

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