PARTIDO A PARTIDO

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Foto: Prensa Gimnasia.-

Una vez más. Respeto, valor y agradecimiento por la entrega y el sacrificio. Pero de eso no se trata el fútbol en su totalidad. Y Pedro Troglio lo sabe.

De atrás para adelante.

Exageré, lo admito, me dejé llevar por la bronca en el gol que finalmente fue anulado. “Te doy un partido más, Alexis. Me cansaste”. No niego haberlo dicho aunque se trate de un exceso. Preocupa la inseguridad para salir a bajar centros o anticipar fuera del área chica. No se lo pediríamos si no nos hubiera demostrado que es capaz de hacerlo.

Como en Tucumán y en el Bosque, marcadores de punta que no lo son y dos centrales erráticos. Piovi no sólo no se acomoda de tres sino que está teniendo un año difícil; Guanini y Coronel saliendo lejos y sin coordinación, perdiendo cruces –una vez más– y dejando huecos a sus espaldas, imperdonable para cualquier saga central.

Gimnasia no tiene mediocampo. Franco Mussis no sólo no es un reemplazo natural de Rinaudo, ni siquiera juega de 5. Los centrales lo reemplazan en su función de tapón y Faravelli en su faceta de distribuidor. No hay lugar para el Gordo en la posición impuesta. Gómez y Comba corren mucho, pero, una vez más, desorganizadamente. El baluarte troglista que parecía ser la presión, termina siendo la heroicidad individual de jugadores que se esfuerzan estérilmente.

De más está decir que Silva sigue saliendo del área para buscar la pelota, no tiene compañía en esa tarea y queda relegado el ataque al área. Mansilla no recibió la pelota y no pienso criticarlo por no cumplir tareas de presión, ya que es evidente que nadie las cumple ordenadamente.

La situación es preocupante. No hay una línea de juego. No lo es la presión, no lo es el pelotazo. No me molestaría un juego feo e intenso, ni siquiera un abroquelamiento defensivo ordenado que despegue poniendo a Comba a correr. Pero no. Nada.

Víctor Ayala no puede tirar sus centros magistrales si nadie genera un córner o una falta cerca del área. Gimnasia no conoce el campo contrario con la pelota dominada, simplemente no está preparado para atacar. En el cotejo con Tigre, Brian Mansilla con algunos destellos, una pelota parada y un tiro de afuera del área suplieron individualmente un problema colectivo.

Ahora bien.

¿Cómo logró este mismo equipo de Pedro Troglio llegar a la final de la Copa Argentina? ¿Cómo hizo para ganarle a los finalistas de América y estar a minutos de campeonar?

Pues partido a partido. En ningún cruce salió a imponer su línea de juego, lo que magistralmente logró fue limitar la línea del rival y explotar sus fisuras. Marcando bien a los volantes de Boca, férreo en la presión a los delanteros de River y explotando los problemas de retroceso de Rosario Central. Entrenamientos a pleno durante la semana pensando literalmente en sus rivales, y no simplemente en “cómo mejorar nuestra idea”.

¿Qué pasa entonces si las fechas que quedan vamos partido a partido? Formación según el rival, táctica para obstruir y entrega para contragolpear. Si es necesario que la línea de juego sea definida en contraposición a la del rival de turno, no tengo problema. No hay tiempo para más.

 

Lautaro Fernández Elem

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