DALMARONI, UN LOBO ENTRE BAMBALINAS

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Una de las más prestigiosas plumas de la dramaturgia nacional habló con Ginasiá. El “bautismo” de su hijo; la obra pergeñada por y para triperos y las expectativa por la presentación de “Un instante sin Dios” en Nün Teatro y del libro sobre cuatro obras peronistas en Capital Federal y La Plata.

Daniel Dalmaroni es uno de los destacados dramaturgos de la escena nacional contemporánea. Nacido en La Plata, aunque con destino lejos de las diagonales en su niñez, supo abrazar para siempre los colores de Gimnasia.

“Tengo temporadas en las que con suerte se reestrena una obra mía y otros, como esta, que se estrenan cuatro. Hay que manejar la ansiedad. El hincha de Gimnasia tiene una gimnasia -valga la redundancia- que pocos conocen para la paciencia. Aunque yo no sé si tengo el estoicismo de los triperos, sí tengo pasión por la escritura”, resume en diálogo con Ginasiá.

Con el sostenido interés de público, actores y productores por su trabajo, Daniel reconoce de todos modos que “hay que tener bien colocado el ego”.

“No está mal tener cierto nivel, puede funcionar bien si está en el lugar adecuado, pero  no si es la única prioridad en la vida. La ambición del éxito en términos de pretensiones elevadísimas puede dañar mucho el ego o uno la pega un día y después cree que tiene que mantenerse en esa situación eternamente…”, reflexiona el autor de “Maté a un tipo”, “Vacas sagradas” y “Burkina Faso”, entre otras piezas.

Sobre su ligazón con el Lobo, expresa: “soy platense, pero a los tres años a mi padre lo trasladaron por trabajo a Mendoza y luego a Córdoba. Volvimos a la ciudad cuando yo tenía unos ocho años y ahí sí supe que era de Gimnasia. Antes, ni sabía de fútbol. Ahora me doy cuenta que mis hijos lo tienen bien claro mucho antes, además de lo que uno como padre se lo imprime. El que hoy tiene 23 no había ni salido del hospital y yo ya había ido a calle 4 a hacerlo socio y el más chiquito, de 6, también,muy del Lobo”, subraya Dalmaroni, quien por cuestiones geográficas o laborales, no puede ir a todos los partidos, aunque pondera a esa manada “que aguanta los trapos siempre”.

“Tiene que ver con que a los 27 años me fui a vivir al sur y luego a Capital Federal, pero con Gimnasia siempre mantuve el vínculo. Ando con la camiseta de salida, que la uso para andar…”, grafica y confiesa una anécdota que marca el bautismo a fuego de su primogénito: “en el partido con Independiente de 1995, Pedro tenía tres meses, en su corta vida fue muy tranquilo, jamás fue de llorar por algo que no sea hambre, ni ese ataque de llanto bastante habitual en los bebés ¡Cómo habrá visto a su padre ese día que sí lloró como nunca antes y no había forma de pararlo! Fue el bautismo que no tuvo por otro lado”.

“Hay que matarlos”

Pese a lo drástico que suena el título, vale la aclaración del caso que se trata de una ficción, un juego del folklore del más popular de los deportes, ese tan vituperado en estos tiempos en los que se estigmatiza siempre a los mismos, mientras los yuppies de traje hacen de las suyas rumbo a la privatización del fútbol. También cabe resaltar que estamos ante un dramaturgo cuyo caballito de batalla ha sido siempre el humor negro, corrosivo, incómodo…

“Hace varios años, a instancias de los actores Alejo García Pintos y Benjamín Rojas y del director Jorge Graciosi, todos triperos, fui exhortado amablemente a escribir una obra de Gimnasia. Lo hice, les encantó… pero en ese momento me dijeron ‘el CoProSeDe nos sanciona’. Es que era referida a nuestros primos y el título era ‘Hay que matarlos’, ni más ni menos que  la alocada conclusión a la que llegaban estos protagonistas. Se desarrollaba en los tablones del Estadio del Bosque, donde van urdiendo un plan futbolístico/criminal,excesivamente incorrecto”, confiesa Daniel.

El escenógrafo y vestuarista iba a ser Marcelo Salvioli, platense que hizo su carrera en el Teatro Cervantes  y en el Colón, director de arte de la película ‘Nueve Reinas, otro fanático de Gimnasia y la diseñadora sonora Malena Graciosi (hija de Jorge, sobrina de Sergio), iba a estar a cargo de la música original. En suma, no iba a haber gente que no sea de Gimnasia, tal y como fue “Vení que te cuento”, la recordada obra comandada por Marito Díaz que se presentó en El Teatro Bar de calle 43 y en el tradicional tablado del Coliseo Podestá.

“Nunca la edité, quedó sin la última corrección. No se consigue para leer”, sentencia Daniel al ser conminado a soltar más prenda de ese material incunable y que no resistiría a las tijeras de Paulino Tato, el censor.

Dios y peronismo

Daniel Dalmaroni está próximo al estreno de una obra de su autoría, “Un instante sin Dios”, protagonizada por Arturo Bonín y Nelson Rueda, en la que también oficiará de director.

A partir del 12 de febrero, se presentará todos los martes a las 21 horas en Nün Teatro Bar, Juan Ramírez de Velasco 419 en el porteño barrio de Villa Crespo.

Un thriller dramático acerca de un sacerdote y un empresario en busca de una relevante confesión ¿Quién es realmente el otro? Un instante sin Dios.

Por otra parte, hacia finales de abril presentará en la Capital Federal y en La Plata el libro“¡Perón Vive! Cuatro obras peronistas”, editado por Ciccus, con prólogo de Esteban De Gori y contratapa del histórico dirigente del PJ, Lorenzo Pepe.

Unas de las obras es la reconocida “El secuestro de Isabelita” y el resto son piezas inéditas. “Tienen que ver con distintos periodos y episodios semi-ficcionales, vinculados al peronismo”, completa el autor de “Mosquitas muertas” y  “La escena del crimen”.

Marcelo Zilla

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