AIRE FRESCO

0
715

“No puedo escribir enojado”. Es lo que pensaba cuando Silveira clavó el 1 a 1 luego de una nueva falla de los zagueros de Gimnasia. La dura derrota en Tucumán dejó también una cierta cuota de esperanza: se hizo absolutamente todo mal, es difícil que sea así siempre. Sin embargo, el planteo del primer tiempo me hizo dudar sobre esa consideración. Felizmente, el mismo ser humano responsable, lo corregiría y nos regalaría una alegría para el fin de semana.

El primer tiempo en el Bosque fue preocupante: 5 defensores -4 de ellos centrales-, un mediocampo sin contención y menos generación, y un solo delantero, ya que Comba y sus pulmones sólo podían arrancar de atrás de mitad de cancha.

Por más tonto que suene, los jugadores conocen su posición. Un defensor central, no sabe desbordar ni retroceder como un marcador de punta. El tan bien logrado contraataque de Pedro Troglio necesita de explosión, es imposible lograrla con 5 defensores clavados en la línea del área. No huelga decir que los centrales reiteraron tanto sus errores en los pases cortos como su descoordinación para defender un ataque mano a mano.

El equipo tiene un sacrificio, una entrega y una capacidad aeróbica notable, pero llamativamente desorganizada, ejemplificado en Comba corriendo del 3 al 4 sin llegar ni cerca de la pelota durante todo el primer tiempo, o Mussis y Faravelli sin opción de pase obligados a un pelotazo no planeado.

En los últimos 10 minutos, el ímpetu y la calidad como delantero pivote de Santiago Silva sumado a que Piovi y Ayala se permitieron cruzar mitad de cancha, hicieron que Gimnasia pudiera llegar al área rival. Igualmente, la preocupación era intensa.

Otro partido: el segundo tiempo. Con un planteo un poco más cercado a lo conocido en el fútbol argentino, Troglio paró un 4-4-2 clásico (bien utilizado por Tigre). Salió Guiffey, que es el que mejor presente está teniendo entre los zagueros, entró Mansilla y Gimnasia se paró 20 metros más adelante. El desparpajo del ex Racing entusiasmó a todo el equipo que fue obsequiado con un error de Guruciaga. Curiosamente, quien hizo de enganche y articuló el juego de Faravelli, Mansilla y Matías Gómez fue el tanque Silva, quien al cumplir tareas que no cumple el equipo, ingresa cada vez menos al área.

Cuando el sol ya había caído y los cámaras tomaban el cielo naranja que ornamentaba la tribuna Centenario, una mano no cobrada y Guanini perdiendo en el cruce una vez más, le dieron el empate a Silveira. Por un instante pensé que el entusiasmo que había traído Mansilla y el avance del Lobo se hacía una vez más estéril.

Por suerte: córner, Ayala, cabezazo, gol. Amén. Ojalá siempre sea una respuesta a los problemas de juego.

El resto está dicho. Un rival nervioso, y ahora sí un local asentado en su idea de juego tuvieron como corolario un zapatazo de Alexi Gómez, el único refuerzo gestionado por nuestro DT.

La alegría ya era sólida. Era real y se mantiene hasta este momento de lectura. Sin embargo, no hay que olvidar el primer tiempo, que nos va a traer más problemas que certezas frente a rivales que no desperdicien chances como el mano a mano de Galmarini, que entró caminando en sandalias al área tripera.

Quienes se hicieron presentes, no me dejarán mentir. Luego de un día de lluvia y remeras pesadas, en el minuto 90 una brisa leve pero refrescante nos lavó de nuevo la cara a quienes cantábamos en el templo. Hoy Gimnasia tiene, quiere y puede. Hay que bancar, entender y también saber criticar. Como siempre, depende de todos.

Lautaro Fernández Elem

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here