HOY TU AMOR, MAÑANA EL MUNDO

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Con un tremendo respaldo de sus hinchas, el Lobo estuvo a la altura de las circunstancias en la final de la Copa Argentina. Poco para reprochar a un equipo que, al límite de sus posibilidades, debió haber ganado en los 90 minutos. En los penales, festejó el Canalla.

Un Gimnasia intenso y batallador se plantó a un adverso arranque en la final de la Copa Argentina ante Rosario Central en el Estadio Islas Malvinas de Mendoza. El discutido gol de Zampedri, promediando el primer tiempo, tocó el amor propio de los triperos, que de allí en adelante, se hicieron dueños del partido.

Troglio armó el equipo que pudo, con una defensa remendada pero que –al igual que el resto de las líneas- supo disputar el partido que había que disputar. El empate conseguido por Faravelli en el arranque del segundo tiempo hacía vislumbrar lo que luego se concretó. Un Lobo insistente en ataque, con prolijidad en la salida y velocidad en los ataques, aunque sin la precisión necesaria.

Lo tuvo Silva con un cabezazo que tenía destino de red; la resolvió mal Comba en una contra veloz y lo celebró Central. Primero con el pitazo final de Lousteau, pues para los rosarinos fue un premio no haber perdido en los 90. Y luego, en la lotería de los penales, el Canalla –como contra Almagro y Temperley- prevaleció por esa vía, la misma por la cual el Lobo había tachado a Central Córdoba de Santiago del Estero y a River.

Más de 150 micros que salieron desde todos los rincones de la región y varias provincias argentinas; aviones de línea; charters; autos particulares; a dedo y cómo se pudo para hacer los más de 1100 kilómetros. Revoleando carpetas médicas en los trabajos, pidiendo prestado, gastando lo que no se tiene un contexto económico pavoroso. Gimnasia emociona. En tiempos de egoísmos y el verso del fútbol para living, el nuestro contó con una movilización estremecedora, de esas que sólo los triperos pueden realizar.

Toda la ciudad pendiente del partido. Un regreso con dolor pero sin reproches. En cada pueblo que paraba el aluvión azul y blanco, los lugareños no podían entenderlo. Otra jugarreta del destino. Las lágrimas de los viejos y de los pibes no hacen más que reafirmar el compromiso de por vida por estos colores.

En la Copa Argentina, superó a Sportivo Belgrano de San Francisco; Olimpo y Central Córdoba de Santiago del Estero. Además, se cargó a Boca y a River, quienes eligieron dónde y cuándo jugar, según sus conveniencias. En la final, no se notó la diferencia de jerarquía entre un plantel y otro, pero fue empate y triunfo rosarino desde los doce pasos.

Ahora es tiempo de sumar puntos en la Superliga (esa que vendieron como súper profesional y hace agua por todos lados, siempre en favor de los poderosos, claro). Resta un partido en el año y lo que se viene en 2019 será durísimo.

El pueblo tripero, indestructible, está.

Marcelo Zilla

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