BOSQUE ETERNO: LA TARDE DEL ÁRBOL Y EL CURA

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Lito Gárgano evoca aquella misión que le encomendó Néstor Basile el día que las hordas triperas casi incendian la Municipalidad. El primer autógrafo de Chirola. El origen del Bosquecito y una vida ligada al Lobo.

Lito Gárgano. Hincha de Gimnasia y Esgrima La Plata.

Así, sin más, es lo que reza la tarjeta que entrega a quien quiera contactarlo. Ni el nombre de su comercio, ni señor, ni licenciado, ni nada. Mejor dicho, lo dice todo.

“Si yo tengo sexto grado a gatas, soy honesto ¿Qué querés que ponga? Yo soy de Gimnasia, nada más. Me hice socio cuando me casé el 8 de octubre de 1976 porque hasta entonces realmente no quería perder la condición de hincha. Silvia, mi mujer, quería que entremos por la misma puerta, incluso ella iba de antes, no es que empezó a ir a la cancha por mí”, exclama.

Y confiesa: “a los 13 años dije que no iba a estudiar. Mi mamá portera en una escuela y mi papá chofer en Policía. Tuve la oportunidad de estudiar y no la aproveché. Anduve 15 años con la valija en la calle, lo que te da mucho conocimiento, pateando desde Valentín Alsina a Dolores, conociendo a los más encumbrados y a los de más abajo”.

Mientras organizaba la logística para el masivo guiso de lentejas gratuito que se sirvió para unas mil personas en el marco de los festejos del aniversario de Gimnasia en el Estadio del Bosque, incluso recibiendo en su vinería bolsas de cebolla o luqueando 30 kilos de nalga para llevar a la cancha en la antesala de ese 3 de junio, Lito se dice “un ser totalmente racional” en lo que es su comercio, pero no niega que en esa platea techada pierda a menudo los estribos. “Una cosa es el negocio, otra Gimnasia. Esa locura nunca la voy a cambiar”, sentencia.

Y reivindica a la banda del tablón y a los pibes que empujan con amor y organización por el Gimnasia social que resiste a todo y todos: “Los hinchas ganamos en la cancha de Morón, en Chacarita, en la Isla Maciel y en La Boca. Yo previamente no analizo nada. Voy y veo a Gimnasia. Oreja marca a Iniesta y grito para que se la saque ¿Qué mejor bendición que ir con mi nieto a la cancha a ver la camiseta azul y blanca?”.

 

El primer autógrafo de un tal Chirola Romero

Desencantado con los futbolistas casi desde que tiene uso de razón, Lito hace excepciones, claro, cómo no hablar de Bayo o del Topo Sanguinetti, pero no duda en darle el lugar merecido al crack nacido en el mismo terruño que nació el mote de “triperos”.

“A Chirola lo amo profundamente. Lo conozco desde que tenía 5 años. Jugaba en la categoría que yo dirigía junto con Alejandro Nicoletti, que todavía está en el Bosquecito. Él no tenía categoría, era 78 y la nuestra era 77, primer año de LISFI. Cuando lo largamos a la cancha nos dimos cuenta que era un distinto. Es tal cual lo conocen ustedes ahora. Una excelente persona, sin un rasgo de maldad. Su primer sueldo fue la heladera para la madre y yo le hinchaba con la transferencia. ‘Déjame de joder Gordo, yo me voy a morir en Gimnasia’, me decía…”.Yo le insistía, que esto es por plata, que lo necesitaba su familia. En fin.

En una fiesta de esas que organizaba Carlos Timoteo Griguol en Estancia Chica, a él ya lo habían citado para el Sub 17 y le tocó atender justo la mesa de jugadores de Primera. Fue entonces que le dije: ‘Vení, firmame un autógrafo’. Todos miraban, el Beto Márcico, Leo Noce, todos. ‘Porque cuando seas como estos no me vas a  dar pelota, así que firmame nene’.

“Ahora, con todo lo que pasó, nos reencontramos en la Filial Manuel Fidel de Berisso hace poco. Él llegó con el Indio Ortiz, a quien de paso le agradecí por lo que hizo en el interinato, después de comerse la forreada que se comió y me alegré mucho por él. Le dije: ‘¿Te acordás del autógrafo que te pedí? Lo sigo teniendo junto a lo más valioso’. Se emocionó mucho. Me dijo tantas veces ‘te quiero y quiero a tu familia’.

Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro

“Parece que hacen el estadio ese para los dos en 32 y 25”.

“¡Para qué dije eso yo! ¡Semejante disparate y a Néstor Basile! Pero son esas noches que estás agilado. No me puteó, en absoluto. Me dijo: ‘pará que vamos a tomar un whiskicito’. Botella de JB en el bar de Ringo en Diagonal 80 y me hablaba como el sicario que sabe que te va a matar. Me dio una clase magistral de una hora y media, lo que duró la botella. Sentido de pertenencia, la cancha, Gimnasia, el Bosque y nuestras vidas”, evoca Gárgano sobre esa noche en el reducto que ya no está, sobre Diagonal 80.

“Al poco tiempo fuimos encolumnados contra las topadoras. Todo un quilombo esotérico y fuimos aquel dichoso día a la Municipalidad. Ni mensaje de texto, ni mail, ni un carajo en esa época. Era vamos y vamos; avisale a estos, avisale a los otros. Estaban todos”, añade sobre la masiva movilización de los triperos, esta vez no era para copar ninguna cancha, sino para pelear por el Estadio del Bosque contra el poder de turno en la década del 90.

Luego anexa: “a la charla con el intendente Néstor me había invitado, yo no era nadie y él era el abanderado de la causa. Y como yo, estaban Oscar Butín o Hugo Cánepa, partícipes como hinchas, mezclados entre la Comisión Directiva”.

¡Yo era hincha. Tenía que estar afuera! Me sorprendió Dardo Cotignola, que se calentó fiero con Julio Alak, golpeó la mesa cuando el intendente gambeteaba y gambeteaba. Lo tenía contra las cuerdas justo cuando vino la trompada en el vidrio del despacho y tuvo la salida de ‘esto se terminó’, se lo llevaron y  chau. No sabíamos del lío de afuera. Y pensábamos que cuando se enteren en cómo terminó la reunión, se terminaba de pudrir todo, prendían fuego la Municipalidad y como el Teatro Argentino la iban a tener que hacer de nuevo…”.

Una de Los Simuladores

“Nos asomamos a la ventana y la gente estaba enardecida, querían respuestas. Y hacíamos con las manos que se queden tranquilos y nos cantaban “¡Hi-jos-de-puta-hi-jos-de-puta!”. Mis hijas estaban en la secundaria en ese momento, se habían escapado para ir a la marcha ¡Y estaban ellas también cantándome: ¡hi-jos-de-pu-ta-hi-jos-de-pu-ta! ¡A mí! Las miro y les gritó‘¡¿Qué les pasas pendejas, se volveron locas?!’ Y saltan unos chabones a defenderlas y putearme más todavía a mí…”, recuerda.

Y completa: “fue ahí que Néstor calmó un poco las aguas, sugirió ir a la Plaza y hablar tranquilos, entre todos. Me dijo: ‘conseguite un árbol y un cura’. No pude ni negarme, ni preguntar para qué… Y ahí mandé a alguien a 57 y 6, a tocarle el timbre al padre Cándido Montaña con el mensaje que se prendía fuego Gimnasia; otro enfiló para el Vivero de 66 y 131 a comprar un árbol. Así fue, caminando con la gente hasta el Bosque, a plantar el árbol donde iba a ser la tribuna, la bendición del sacerdote, una suerte de piedra fundacional. ‘Hereje’, fue lo menos que me dijo; pero la causa era justa. Que use el lápiz ese que tira agua, que diga unas palabras, total invocan a Dios para cada taradez a veces…Bendijo el árbol, el Lobo es del Bosque y se desconcentró tranquilamente la gente…”.

Con los años, cuando esa lucha parecía una quimera, Gimnasia logró que le cedieran las tierras y fue una lucha a la que luego, a los 44 del segundo tiempo se plegaron otros y sacaron su tajada.

Bosquecito, el edén.

Los que trabajan en el fútbol infantil por aquellos años fueron quienes impulsaron el pedido de tierras. Hubo reuniones con jerarcas del BIM III, pero el predio era de la Dirección Provincial de Puertos. El expediente iba de un cajón a otro, pero había otra institución que ya había efectuado la solicitud…

“Justo dimos con uno de los nuestros en esa Dirección. Era hincha de Gimnasia. Quizás no era socio pero hizo mucho por el Club. Tiró a la basura un expediente de otra entidad e iniciamos el nuestro. Luego hubo que ratificarlo porque entró a terciar el Hospital Naval. Y ahí sí, se iniciaron todos los trámites para la parcela, todo lo legal, con mucha gente, el Negro Viñes, Pájaro García, Hugo Busteros, Osvaldo Chirra, Eduardo Tobía… tantos”, enumera Lito. Empezamos limpiando el terreno, había pilas de vidrios, todos íbamos a limpiar, levantando pedacito de vidrio por pedacito de vidrio.

También pondera un punto clave en la historia del predio del fútbol infantil y juvenil. “Para coronarla, Chiquito Saráchaga propuso que la escuela primaria del Club esté en el Bosquecito y Busteros, rápido y eufórico, acotó: ‘la tenencia es precaria pero si tenemos la escuela, ¿Quién nos va a sacar?”.

También hubo momentos cuesta arriba, por caso, la explosión en el quincho, y ahí Gárgano fue convocado en el último tramo de la gestión de Walter Gisande, tras un “te llamo” que nunca se concretó en años.

“Con la ayuda de Roberto Gigli y Pocho La Falce, nos enganchamos. En el bolichito arrancamos de cero con una heladerita, gaseosa, chorizo y hamburguesa. La gente tenía que ir a 60 y 122 a comprar y ese era el poco ingreso que podía haber, sumado al estacionamiento y la entrada los días de partido. Aparece Mariana Ton para colaborar en esa etapa. Logramos levantar el quincho con una gran mano que nos dio Fabián Cagliardi, en nueve meses se hizo mucho…”, menciona.

Y resume: “el Bosquecito es adrenalina, amor, desinterés por cargos políticos, fue sacar los vidrios de la tierra uno por uno”.

Trabajar para agrandar el patrimonio como se hizo en el Bosquecito, patriadas como las del Estadio del Bosque y la cruzada diaria de la identidad y la pertenencia cobran más valor que nunca. Son tiempos de componendas de la mano de una dirigencia a la que le está quedando gigante la responsabilidad. Con este panorama, la guardia en alto es un imperativo…

Marcelo Zilla

Polo Castellanos, Marito Díaz, Oscar Butín, Lito Gárgano, Tony Jesus, Turco Gorgis, Néstor Basile y Juan Carlos López Osornio. Cumple 50 de Marito, Hinchas de toda la vida.

 

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