HUEVOS DE LOBO

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SOBRE REMONTADAS Y VICTORIAS HEROICAS DE GIMNASIA.

Hace muchos años, en la esquina de 7 y 56, tuvimos junto a Néstor Basile una desagradable experiencia. Nos encontramos con una persona de esas que tienen en su casa espejos de aumento y por lo tanto se creen más grandes que el resto. Todos conocemos uno, suelen regir la vida por “la rosca” y “la guita”, y es típico que “casualmente le contaron un dato, que nadie sabe, y que prueba la corrupción de alguien que ellos, justamente, no quieren”. El tema que el sabelotodo nos tiró que era im-po-si-ble que alguna vez le dieran las tierras del Bosque a Gimnasia porque los políticos sólo querían “guita” y como Gimnasia no iba a poner un peso, nos iban a desalojar muy pronto. “Va a ser imposible construir ahí”, sentenció.  Basile trató de explicarle que lo imposible a veces no era tal, pero este personaje solo se escuchaba a sí mismo. Años después, el 4 de octubre del 2011, lo que era imposible para el sabelotodo (y tantos más) se hizo realidad.

De estas historias, donde lo imposible no era tal, hay muchas más de las que se creen. Y el fútbol y, obviamente nuestro Gimnasia tiene varias. Victorias que se forjan cuando un equipo saca fuerzas de las fibras más intimas de su alma, el uniforme que defiende se le pega a la piel por un esfuerzo extra y se deja empujar por el grito pasional que brota detrás del alambrado, entonces se consigue lo que para muchos era un imposible.

En octubre de 1978 un equipazo de Boca estaba primero. Era el equipo que había ganado 3 a 0 una final en Alemania. Este Boca visitaba el Bosque, Gimnasia no andaba bien y más de uno habrá vaticinado que era imposible ganar. Ni hablar cuando iba media hora y Boca ganaba 2 a 0. Faltaban 5 fechas y Boca ya se volvía a calzar el traje de campeón… pero no. El maestro Della Savia erró un penal, la desazón cayó pesadamente sobre las tribunas triperas en un Bosque repleto. Al empezar el segundo tiempo la expulsión del jugador de Gimnasia, Pellegrini, hizo que la hinchada tripera doblegara su entrega. Era una cuestión de honor, había que “tapar” el festejo boquense, se podía perder, sí, pero tenía que quedar en claro que en La Plata se escuchaba al Lobo. Hasta la platea techada se sumó y el dale Boca palideció ante el ¡Vamos los Triperos!

Cragno convirtió el 2 a 1, el Bosque pasa a ser un solo grito azul y blanco. Otra expulsión, Casanueva, despierta la tribuna visitante pero no logra bajar los decibeles en los locales. Con dos hombres menos, y el aliento incondicional, el 2 a 1 ante el Boca puntero y campeón en Europa, ya pasaba a ser una derrota digna. La tribuna xeneize de despacha con un hiriente “se van para la B”, buscando poner nervioso a ese equipo que había descontado pero los triperos no detienen los gritos. Los jugadores se hicieron eco de ese empuje y Fornari empata el partido. El Bosque explotó, todavía faltaban varios minutos. Y, otra vez “Pamperito” Fornari, de tiro libre, venció a Gatti. Y de ahí en más, entre gritos, euforia y nervios, el partido quedó en la historia. Un vuelco de película. Y un coro radiante en el final: “Me parece que Boca no sale campeón, porque el Lobo…»

Gimnasia supo ganarle al Barcelona en España y cuando se observa el contexto, estos partidos tienen más valor aún ¿Por qué? Porque no era lo mismo viajar de la manera que lo hizo Gimnasia cuando fue de gira a Europa que lo que sería hoy. No hubo comodidades ni un descanso prudencial de los jugadores entre un partido y otro.

En 1929, Gimnasia logra un lauro inédito: se consagra campeón en tres categorías, culminando con el gran festejo en la estación de trenes, tras ganar la final de primera, contra Boca, en la vieja cancha de River.

En 1933, en la mitad de la campaña se produjo  otra hazaña. Se juega el clásico y Gimnasia presenta, justo en ese partido, un equipo totalmente amateur. La escuadra visitante presume un apodo para su delantera, a la cual denominan los “Profesores”. La ventaja del rival frente a un Gimnasia de pibes sin experiencia, seguramente habrá hecho aparecer, otra vez, la palabrita imposible. Pero no. Era 60 y 118 y la gente acompañó igual. Los “Profesores” no podían convertir y los pibes aguantaban y aguantaban; a escasos minutos del final, Del Prete marcó el gol del triunfo. Fue tan notable aquella hazaña que los medios de prensa de Capital Federal le dieron un espacio mucho mayor a lo habitual.

En 1960, cuando ni existía la Copa Libertadores, se organizó lo que era tomado como un hecho extraordinario: la primera copa internacional que se jugaba en la ciudad de La Plata. El cuadrangular “Gobernador Alende” a jugarse en 1 y 57 con Peñarol, Nacional y Estudiantes. La primera vez en la historia que el gran clásico uruguayo se jugó fuera de sus fronteras. Y Gimnasia se dió el gusto de humillar al organizador, ganó el torneo y dio la vuelta olímpica en cancha de los “pinchas”.

En 1971 hubo una dolorosa derrota por 4 a 1. Se esperaba una revancha en el próximo clásico en el Bosque pero más de uno habrá dicho “ganarles sí pero de ahí a golearlos como hicieron ellos…imposible”. Y otra vez el Lobo se agrandó en el Bosque y devolvió gol a gol. Gimnasia se impuso 4 a 1, equilibrando el año y entonando un himno que, desde las tribunas, homenajeó a su delantero y copó la tarde: “Onnis barre allá adelante y hay velorio de Estudiantes’”.

En 1975 Unión de Santa Fe pasaba a ser la sorpresa “imbatible” del fútbol argentino. Registraba ocho victorias consecutivas, tenía la posibilidad de establecer un récord y empezaba a ganarse notas a color en “El Gráfico” cuando llegó a 60 y 118. En el Bosque, Unión hizo fuerza pero ganó el Lobo. Aquel año trajo otra hazaña: 3 a 1 perdía Gimnasia el clásico de visitante ¿Cuánto falta? Habrá preguntado algún hincha y otro respondió “menos de cinco minutos”. El imposible sobrevolaba la popular visitante de 1 y 55 pero Della Savia marcó dos goles en esos minutos y se logró un empate con sabor a victoria.

El 6 a 2 a Sarmiento de Junín, el 5 a 1 a Lanús y la victoria 3 a 2 frente a Quilmes en el Bosque fueron algunos de los partidos más vistosos de un Gimnasia que tenía en el arco la seguridad de Carlos Castagneto, al incansable “Indio” Rubén Ingrao en la defensa, en el medio a Ricardo Kuzemka, y adelante al magistral “Charly” Carrió haciendo pases y goles, y bien arriba al “Bocha” Flores. Muchos, seguramente, pensaron en la previa que era imposible que el Lobo ganara el octogonal estando Racing. Sin embargo, aquellos jugadores consiguieron dos claros triunfos en las finales: un 3 a 1 en Avellaneda y un 4 a 2 en 60 y 118.

En 1987, Gimnasia festejó de la mejor manera sus 100 años de vida: finalizó el torneo invicto como local (38 fechas), pero también cerca de esa fecha logró un triunfo monumental como visitante. River Plate, campeón de América, que venía de golear 4 a 1 a Independiente y quería pelear el torneo, enfrentaba en su estadio a Gimnasia. Penal a favor del River que luego sería campeón en Japón. Algún riverplatense habrá pensado “imposible se nos escape esto” pero… Moriconi le atajó el tiro penal al expincharrata Patricio Hernández. Cuando terminó el partido la fiesta era en la popular del Lobo, victoria 2 a 1.

Estos hechos anteceden la obtención en forma invicta de la Copa Centenario de la AFA (en cuya final se venció a River Plate) previo a la goleada a Boca por 6 a 0 en la Bombonera y antes del gol de Perdomo que provocó un terremoto en 1992.

Y fueron antes de 1997, año en que Gimnasia le dio a La Plata el primer estadio con tribuna de cemento. Fue antes de que llegaran los goles de Hugo Romeo Guerra o de Roberto “Pampa” Sosa, las palmadas en el pecho de Griguol, las corridas de Gonzalo Vargas, las presencias seguidas de Enzo Noce, Guillermo Sanguinetti y el “Coco” San Esteban. Antes de la potencia y la calidad de “Chirola” Romero, las jugadas de Mariano Messera, la garra charrúa del “Tornado” Diego Alonso y los festejos con antifaz del “Colo” Facundo Sava. Fue antes de que llegara Pedro Troglio y, por ende, mucho antes que la hazaña frente a Rafaela, por la promoción 2009, remontando un 3 a 0 sufrido en Santa Fe, con los tres tantos en el final del partido, con un jugador menos y con aquella palomita inolvidable de Franco Niell.

Como comenté alguna vez en una nota: “siempre hubo refutadores de leyendas, como bien dice Alejandro Dolina”. También son los encargados de predecir “es imposible” ante las muy difíciles, pero… a veces aparecen indomables, rebeldes, tipos que empujados por la pasión de la gente, por esa camiseta que representa a un club popular y solidario, se entusiasman, se esfuerzan mucho más de lo esperado y con huevos de Lobo, deciden ser protagonistas de triunfos históricos. – Rafael Ton –

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