SÉ VOS, NOMÁS

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La vida sin problemas, es perder el tiempo a lo bobo. Así que nos vamos a zambullir en las aguas oscuras del temor, la superstición y el deseo. Aunque la temática abarca a todos los seres humanos, parece muy indicado que seamos los triperos quienes la abordemos: imputados por muchos de ser hinchas del club con menos fortuna del fútbol argentino, autoconvencidos de no llevarnos bien con el gran barbudo, quizás podamos realizar un aporte singular.

Las finales perdidas, los clásicos que se escapan, las clasificaciones que se escurren como arena entre los dedos, han llevado al querido Lobo a portar esa fama. En lugar de escurrir el bulto y evadir la cuestión, como a guapos no nos gana nadie, vamos a fondo. Fíjese.

En principio, una precisión: hay una nota musical muy sutil que atraviesa las épocas y envuelve a todo el triperío. Ese hermoso sonido, surgido de un tango o un blues, logra que nos reconozcamos, y logra además hacernos sentir algo que late en nuestra gente desde comienzos del siglo pasado y se extiende hasta hoy. Digámoslo así: sabemos que está muy bueno ser hincha de Gimnasia; que no cambiaríamos esa vibración personal por nada del mundo.

A partir de allí, una aclaración: fuimos campeones en el 29 y en el 94, así como de torneos promocionales, y otros reducidos. No es mucho, claro, pero no es verdad que la casaca albiazul jamás haya transitado el derredor del terreno portando un trofeo. Sin embargo, quedarse allí podría resultar sencillo. Sería otra forma de gambetear la discusión. De lanzar el balón fuera del perímetro a partir de un saque de meta.

Vamos a lo probable: es cierto que encarar una empresa con temor o pesimismo hace perder un buen tramo de las posibilidades de éxito. Tras varios golpes, y sobre todo luego del traumático partido nocturno ante el Rojo en el 95, todo Gimnasia afronta cualquier definición con demasiadas prevenciones. Aquí hay dos consideraciones para realizar. La primera, que el apuntalamiento psicológico para un plantel es un asunto serio y la segunda, que nuestro Basurero es el único equipo que afronta las definiciones sin “gestionar”.

El primer punto se resuelve con algo de apertura mental. Si es preciso insertar en el cuerpo médico a un experto en rayes, cabe hacerlo y probar. El otro es más delicado: afirmamos con convicción –aunque muchos colegas lo nieguen- que en casi todos los campeonatos los primeros cuatro o cinco equipos tienen un nivel similar, y el único que concurre a la definición sin advertir sobre arbitrajes, incentivos, coimas, es Gimnasia. Habría que preguntarse qué rol jugaron Tinelli y Mister James Cheek en aquella jornada para entender la aseveración.

Ahora  bien: tampoco nos quedaremos allí. Venga. Es verdad que el azar existe. Es una variable cósmica que abarca a todo el universo. Es verdad, también, que durante un buen tramo de nuestra historia, no nos ha favorecido. Pero el azar es, por definición intrínseca, azaroso. Es decir, puede cambiar cuando menos se lo espera. Y tenemos una vida por delante para ayudar al que lanza los dados, como decía Einstein, a modificarlo.

Lo que no podemos aceptar es la personalización de ese azar en la “suerte” manada de una persona. Como se sabe en los arrabales donde bajan los ángeles sin ser vistos y conversan con los que simpatizan con satán, el problema nunca es el “marcado” sino el que lo señala. Vieja enseñanza: “cuando alguien te dice que otro es mufa, escapáte del que marca, no del señalado”. ¿Por qué? Porque la figura del jettatore es una simple variante del chivo expiatorio.

Hacemos cagadas entre todos, y se la endilgamos a uno, para librarnos del problema: negro, villero, puto, judío…mufa. Siempre hay “uno” que carga con la responsabilidad del conjunto. En general, las personas que viven acusando a otras por sus dilemas, suelen ser tirifilos de baja intensidad, que en lugar de afirmar una identidad y convertirse en toros de rodeo propio y torazos en ajeno, por lo bajo señalan al “culpable”.

A decir verdad, nunca alguien que ama intensamente puede generar daño a lo que ama. Cuando la mano viene difícil, hay que contener a todos los triperos y desdeñar las versiones fáciles. Es preciso eludir la tentación de excluir y de dejar fuera a aquél que sufre como nosotros y, encima, la liga porque el delantero le pegó como la mona. Hay que ser valiente, tener calle y coraje para abrazar al villero cuando Eduardo Feinmann pide linchamientos por televisión. Y Gimnasia es valiente, tiene calle y tiene coraje. O no tiene nada.

La nota sutil que se desliza entre los árboles del Bosque año tras año, vida tras vida, nos vincula en esa profunda sensación de pertenecer a un espacio digno, que no se ha dejado arredrar por las dificultades ni los embates del azar. Y aunque los resultados sean bien importantes, tenemos que recordar lo ya aprendido: era más fácil cambiarse, dejar la piel por ahí, sumarse al “ganador” en lugar de resistir con lo propio y con los propios.

El orgullo está en seguir aullando, empecinadamente. El orgullo está en seguir construyendo una cancha que parecía destinada al abandono. A ver si nos entendemos. Entre nosotros, lector: ¿Usted dejaría de ser tripero por la “mala suerte” del equipo? ¿En serio renegaría del privilegio de vivir enfermo y desesperado por Gimnasia, sólo para sumarse con una cornetita al cortejo del triunfador? Si lo hace, dejaría de ser ese orgulloso resistente y se convertiría en un boludo vencido por un aparato de publicidad.

Vamos entonces al fondo de la temática esbozada al inicio: creemos, en realidad, haber sido beneficiados en el reparto. Nos tocó un carácter único que día a día nos permite sentir esa extraña sensación de sabernos hinchas de Gimnasia. Ese indefinible sentimiento interior que logra, mientras preparamos lentamente el mate, evocar a los mayores, ver crecer a los pibes, y decirnos ‘yo soy tripero’ sin altisonancias, con esa serenidad que alcanza quien hace lo que debe hacer, quien ama a quien quiere amar.

Hay que prestar atención a los deseos. Resulta que a veces su concreción tarda, pero se cumplen, como dice Ginasiá!. La otra hipótesis, más tradicional, indica que no hay que anhelar para no “quemar” una futura realidad. Zonceras. Sin el vigor que brinda la esperanza no habría emprendimiento posible. (Como entenderá a estas alturas del partido, el artículo que está leyendo habla de fútbol… y de unas cuantas cosas más)

Finalmente. Perder es una cagada, claro. Para hacer grandes campañas es preciso contar con un club potente y organizado, inferiores fuertes, con una línea de juego persistente. Poseer planteles de primera división competitivos. Y para enfrentar circunstancias decisivas, contar con el temple adecuado, la preparación justa, las prevenciones realistas… y un toque de azar a favor. Si llevamos adelante adecuadamente los primeros pasos, el último tendrá más posibilidades de concretarse.

Nada es para siempre. Los tiempos cambian aún en asuntos complejos que no era fácil de prever. Las victorias que se avecinan estarán potenciadas por la alegría única de quien celebra tras conocer lo que es remar contra viento y marea. Pero cuando tengamos un título en las manos, recordemos que ya éramos felices y orgullosos. Porque sólo nosotros tenemos la suerte de ser hinchas de Gimnasia.

Y bien sabemos lo que eso significa.

Gabriel Fernández Director de La señal medios/Área periodística Radio Grafica  http://www.radiografica.org.ar/

Revista Ginasiá! Nº 27 – 2015 –

 

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