El sentimiento profundo de solidaridad y compromiso social que tiene el hincha de Gimnasia se encuentra en las antípodas del egoísmo y la individualidad. Las luchas por las causas justas, incluyendo fundamentalmente la defensa de nuestro patrimonio, nada tiene que ver con la indiferencia y el abandono de lo propio.

Ustedes saben bien que las simpatías, los valores y -sobre todo- las conductas en la vida forjan nuestras amistades. Es decir que podemos compartir un edificio pero nuestro vecino no necesariamente es nuestro amigo, nuestra familia.

Forzar la empatía con algo o alguien, no es progresismo ni modernidad. Querer demostrar una buena relación con un  vecino, que no tiene tus mismos valores en la vida, tiene que ver con una crisis de la identidad muy fuerte, propia de la persona que lo necesitan por inseguridad, esto no necesariamente radica en la maldad sino en el desconocimiento de lo propio, el no quererse a sí mismo.

Ceder nuestro estadio para que profanen los símbolos y plaquetas –antecedentes sobran- para ser elogiado por la prensa disfrazada de neutral, nada suma al pueblo tripero.

De cualquiera manera, las múltiples diferencias entre unos y otros no pueden llevar de ninguna manera a fomentar el odio, ya que estaríamos cruzando una fina línea y pisando un terreno de intolerancia no recomendado.

Gimnasia está orgulloso de tener salpicada de barro la franja azul, feliz de sus rituales de asado y vino. Tiene la periferia pintada de azul y blanco y casillas con banderas. No tiene countrys, golf, nombres en inglés. Por algo su grito es “Ginasiá!… Gimnasia  remodeló su estadio con el sudor del trabajo de los hinchas, otros venden su nombre a grandes marcas. Gimnasia tiene solidaridad popular en situaciones límites, impulsada por una juventud movilizada que entiende el club de sus amores como un espacio de transformación social. Gimnasia tiene la pasión en la sangre, el respaldo de su gente en tiempos difíciles, algo que nada tiene que ver con lo que sucede en la vereda de enfrente cuando los resultados deportivos no acompañan o cuando les toca alquilar en otra localidad de la Provincia de Buenos Aires.

Quiera usted entenderlo o no, el hincha de Gimnasia se relaciona de una manera diferente y vive su relación con el club de una forma más intensa, no lo hace a través de un contestador telefónico o las páginas de un diario. Mucho menos regido por lo que puedan llegar a decir los medios de comunicación de la Ciudad de Buenos Aires.  El hincha de Gimnasia lejos de festejar una falsa amistad festeja una luminaria nueva, una obra más, una camiseta para un chico que patea la calle orgulloso de sus colores.

No deseamos caer en la generalidad del caso y tal vez estas líneas sean más una opinión personal que una general de la ley, pero si los esfuerzos estuvieran abocados preponderantemente a la gestión y no al circo mediático de intentar quedar siempre bien con el vecino del edificio, el departamento de Gimnasia estaría más grande y más lindo.

Por Emmanuel «Pato» Nicolini

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