OPERAR POR GIMNASIA

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No tiene que ver con la ya habitual práctica periodística, la cual últimamente es siempre “contra” y no “en pos de”. Esta vez, la acepción obedece a una intervención quirúrgica. La historia de cómo se resolvió la incorporación de un jugador, con la mediación de René Favaloro. El futbolista en cuestión definió un memorable clásico, el del helicóptero. Sergio Antonucci, hijo de Jorge, recuerda aquella anécdota y da cuenta de otras con un denominador común: una familia atravesada por el amor a estos colores.

Sergio Antonucci es profesor adjunto en la cátedra de Radio I en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Incursionó en el periodismo partidario en “Tripa Corazón” y “Gimnasia una Pasión”, en las desaparecidas pantallas de TVS y Dardo Rocha Cable Visión, respectivamente.

“Fue una experiencia hermosa, yo era un colaborador, pero todos estábamos muy reconocidos. Fue hecho con mucho cariño y pasión. Poner todo tu esfuerzo al servicio de Gimnasia y poder compartir ese espacio con profesionales y fanáticos y adelantados como Néstor Basile, sirvió para aprender mucho”, introduce.

Y también resalta un pico emotivo dentro de esa faceta periodística: “fue cuando escribí una nota para Tribuna Gimnasista. Néstor la lee y me dice que no hay corrección, que va derecho. Yo tuve una emoción tremenda. En esa nota lo puse lo sentía en el cuerpo, mis recuerdos cuando mi abuelo o mi viejo me llevaban a la cancha, hacer ese caminito. Terminar de comer e ir de la mano de alguno de ellos a ver la cancha del Lobo, vacía, un día de semana, con tres, cuatro años, y decir: ‘por acá pasan los jugadores’, tocar la pared, los tablones…”.

“Esa experiencia la repetí con mis hijos, con ese tono barrial, de paseo. Pasé tardes jugando a la pelota en los jardines, respirando Bosque”, completa.

Movilización es Gimnasia

Me tocó como cronista en campo de juego vivir casi desde adentro grandes partidos: el 2 a 1 con uno menos a Vélez o el triunfo ante Ferro en 1995. Ese mismo torneo, en Rosario, desde la tribuna. Siempre con las tribunas estalladas de triperos.

La noche contra Vélez me tomé la libertad de arrojar una bolsa de sal en el banco de suplentes. Cuando perdíamos 1-0 tuve unos cruces con la platea femenina velezana. Y con el 2-1 miraba de reojo, caminando por sobre el escudo pintado en el pasto, sin decir nada… Históricamente ese club no me simpatizó, no me gustan los equipos sin hinchada. Hay cuatro categorías: pueblo; grandes hinchadas; hinchada y grupo de simpatizantes.

La ñapi de papá

Mi papá fue un loco por Gimnasia, enamorado de estos colores. Descansa en la cancha del Lobo y le dedicó mucho tiempo y esfuerzos.

En el octogonal del ascenso, él estaba en el palco con Santilli, entonces presidente de River, quien le dijo que solamente Boca había llenado la tribuna como esa tarde estaba con la hinchada del Lobo en el partido de vuelta contra Defensores de Belgrano.

En un momento le dice “mirá ese loco con la bandera dentro de la cancha”. Y mi viejo contesta: “ese loco es mi hijo”. Fue antes del partido, yo lo hice sin la menor intención de ofensa hacia el rival. Saqué la bandera y la gente de Gimnasia empezó a gritar, empujando, y eso me entusiasmó…

Fue un año intenso, Gimnasia arrancó devastado y a mitad de campeonato no había arrancado el buen andar aún. Fue complejo cuando los hinchas pasaban por mi casa a pedir explicaciones, muchas veces mi vieja le decía a él: “Jorge, ¿en qué te metiste?”.

En el partido de ida de esa llave, fue invitado a la cancha de Gimnasia el Flaco Menotti. Estuvo en la techada, lo saludé, me quedé mirando el partido ahí, le dio un abrazo a los dirigentes que estaban y dijo: “si pasan esta, van a ascender”.

El Lobo asciende el 30 de diciembre de 1984, mi papá cumplía años el 29 de diciembre, mi casa estaba embanderada y el arbolito era azul y blanco. Nunca más voy a olvidar esas fiestas, estábamos celebrando el ascenso de Gimnasia, un  desahogo tremendo y el orgullo familiar y la gratificación por tanto esfuerzo de mi viejo. Y así como muchas veces le fueron a pedir explicaciones, también pasó que varios hinchas y socios hayan ido a darle un abrazo. Son momentos insuperables.

Cuando ascendimos sí fue tremendo, pero cuando le ganamos a Defensores de Belgrano en cancha nuestra, 1 a 0 y pasamos la final. El viejo me da un abrazo muy grande y me dice “Gimnasia está en la final” y no me largaba, me sacudía y el Bosque estallaba, fue toda una postal. Lógico que con el ascenso fue tremenda alegría, pero se veía venir…

Una noche contra River, el torneo que se definía por penales, una de las pocas veces que fuimos también con mi vieja. Estábamos en el palco del Monumental, hubo gol de Gimnasia que se ponía arriba y un tipo de la comisión directiva de ellos dijo que el Lobo tenía el mismo olor a bosta que Boca y no pude resistirme. Fue darme vuelta y darle una piña. Me sentí muy ofendido, no lo pude medir.

Te alentaremos, de corazón

Corría 1985 y Sergio Merlini, un gran jugador, “padecía” la vigencia y preponderancia de Ricardo Enrique Bochini en Independiente. No había titularidad posible con el máximo ídolo del Rojo por delante. Su llegada a Gimnasia tuvo algunos condimentos particulares y así lo recuerda el entrevistado

Mi viejo y Delmar habían tenido un acercamiento con Pedro Iso, entonces presidente de Independiente. Habían conversado y Gimnasia necesitaba dinero, por lo que vende a Ingrao. Se necesitaba un creativo que acompañe a Charly Carrió en el equipo. Fue Merlini a la sede de Gimnasia por el contrato, pide una suma de dinero que para el Club era difícil de pagar, superior incluso a los que más cobraban.

“¿Por qué querés cobrar tanto dinero?”, era la pregunta que se imponía, cuando ahora sí iba a tener la chanche de ser titular. No se trataba solo de pedir. “Tengo a mi viejo muy enfermo y estoy costeando ese tratamiento, no tenemos otros ingresos”, fue la sincera respuesta del ‘Mago’.

Entonces indagan un poco, era una deficiencia en el corazón la que sufría el padre de Merlini y mi viejo inmediatamente llama a René Favaloro, le explican la situación, que estaban a punto de concretar el pase, pero el dinero no alcanzaba. Favaloro lo interpretó al toque y pidió que le pasen con el jugador. “Arreglá ya con Gimnasia que yo me encargo de tu viejo”. Cortó y Merlini dijo: “¿Dónde hay que firmar? Arreglemos ya”.

Así fue como Favaloro se hizo cargo de la operación y el jugador tuvo un muy buen paso por Gimnasia. Definió un clásico en el Bosque, el del helicóptero. Ese día, pese a la intensa lluvia, el entonces DT Luis Garisto pidió que se juegue, era el campo propicio. Hoy los cuidados, la reglamentación y toda esa historia no permitiría que pase algo así como que baje un helicóptero a secar la cancha un rato antes ¡Imposible!

Lobo pueblo

Mi viejo quería otro Gimnasia. Cuando enfrentó a Delmar en las urnas fue con ‘Tito’ Durán, el hijo del ‘Cholo’, el ‘Chango’ Ferrarini, un Lobo bien cercano a la gente, no digo que el de Delmar no lo sea. De todos modos hubo gestos muy triperos. Delmar gana en las urnas, se dan un abrazo en la puerta de la sede, pasa muy poco tiempo y recibe el llamado convocándolo, por decisión de comisión directiva, para que vuelca a ocupar el cargo de coordinador de fútbol.

Es una de las falencias que tenemos la falta de unidad, situación que nos ha impedido crecer institucionalmente.

Somos muy pasionales. Con mi hijo recién nacido, me fui a hacerlo socio. Le dije a la madre, “elegí todo, pero claro que va a ser socio al minuto”. Tengo una foto, los dos con la camiseta y debajo el recorte de una frase de Durán: “Ser de Gimnasia es diferente, para quienes no lo son, resulta imposible comprender, en su justa dimensión, el fenómeno inigualable que significa nuestro Lobo del alma”.

Laureano Durán fue para mí el mejor presidente de la historia de Gimnasia. El Lobo del 62 fue algo increíble y su gestión siempre vinculada con el costado popular del Club.

Montelongo, Montelongo, te lo saco y te lo pongo (Pablo Zaro)

Aprovechando el paño en el que se mueve Sergio Antonucci, se lo consultó sobre el inminente regreso forzado a la radio (aunque nunca se fue) para seguir las alternativas de muchos partidos, ante la decisión del actual Gobierno –promesa incumplida mediante- de suspender el programa Fútbol para Todos.

Más que se secuestren los goles, es una falta de respeto a la gente. Vamos a volver a la radio, pero la radio siempre está, es muy compañera y por suerte en la radio de nuestro país tenemos grandes oradores, buenos locutores, comentaristas.

Y cómo será la ligazón de la radio y el fútbol que no me olvido más de esta situación: mi abuelo materno, Tucho, muy tripero, año 70, en la recordada semifinal contra Rosario Central, mi viejo y mi tío van a la cancha. La reserva que se presentó ese día aguantó el 0 a 0 todo lo que pudo, ya en el segundo tiempo con el 0-2 la Spica voló contra la pared y mi abuelo lo más campante le dijo a mi abuela: “mejor me voy a dormir”. No me olvido más. Estamos marcados por Gimnasia, en las buenas y en las malas, atravesados y eso no se desaprende más. Gimnasia y familia, es identidad ¿Te acordás cuando comenzaste la facultad? ¿Te acordás cuando te pusiste de novio? Sí, ese día el Lobo jugaba con…

¿Cómo salió Gimnasia?

La partida de mi viejo no es algo que recuerde con tristeza, sino con mucho cariño. Que a Gimnasia le vaya bien era una alegría muy grande, por eso me permití una mentira piadosa…

Guardo con especial cariño la camiseta que me compró ni bien ganamos la Copa Centenario, como también la Hummel azul de Guillermo la tarde que le hizo ese gol maradoneano a Banfield o la del cordobés Daniel Lucio Alonso el día de los tres penales de Dopazo a Argentinos Juniors.

En los 80 Carrió me regaló una. Y lo primero que me dijo mi viejo fue “andá a devolver la camiseta; se rompe el juego y no estamos para regalar nada”. Yo no quería discutir en la puerta del vestuario, Gimnasia había ganado. Fui y le dije al Charly “mi viejo me cagó a pedos”. Insistió, salió y le aclaró que era un regalo de él y a regañadientes lo aceptó.

Tengo también tablones de los oficiales y uno de cuando estaban trabajando los muchachos, llevé unas cervezas y les pedí que me corten y le puse una plaquita “testigo de la mejor hinchada del mundo”, ese es más artesanal.

Fueron momentos compartidos, El festejo de Guillermo post clásico en la cancha de ellos, gritando el 2 a 0 de cara a la platea, sentenciarlos a jugar en la B y luego hubo celebración en su casa.

También con un flamante Fiat 128 Súper Europa, el debut, claro, fue yendo a ver a Gimnasia. Iba mi viejo manejando, mi hermano atrás, en plena discusión típicamente futbolera él diciendo que “no puede jugar fulano”, por desviar la mirada se la pone mal con el auto de adelante. No podía seguir el auto. Intercambian los datos, lo tiramos al costado, así como estaba, nuevo y chocado, con unos días en la calle y seguimos en la caravana. Lo importante era llegar a ver el partido del Lobo.

Y en un partido definitorio en cancha de Atlanta para jugar el octogonal, estábamos con mi hermano y mi viejo en la platea. Después de todo lo que se sufrió ese campeonato, estuvimos anteúltimos el torneo anterior. Faltaba un minuto y la gente de Gimnasia estaba como loca de los gritos y en el final nos tiramos a la cancha, a abrazarnos con los jugadores, había dos o tres canas que miraban…

En las malas también recurrimos a Gimnasia, después de irnos a la B en 2011, tras la promoción con San Martín de San Juan, me fui solo a la cancha  y me senté a hablar un rato con el Lobo…

Con mi viejo ya mal, mis sobrinos le pidieron que escriba algo y él puso “Lobo” en un papel, con eso se hicieron un tatuaje. Cuando murió fui a la sede a avisar. Me fui y volví. Necesitaba llevarme algo con el status de “oficial”, no era lo mismo si compraba en el kiosco el escudo. También en la despedida paramos en la sede.

Un rosario regalado por el Papa a la comisión directiva de Gimnasia lo tengo como símbolo de mi viejo, que me lo dieron cuando murió. Tuvo un hermoso reconocimiento por sus 80 años, socio honorario, la medalla del Club. Mi viejo estaba muy contento, se sacó el saco, la camisa y se puso esa camiseta del Lobo y ese día nos invitó a mi hermano y a mí a acompañarlo. En su mensaje dijo: “estos son más fanáticos que yo”.

Ya en los días finales, en terapia intensiva, despertó después de 48 horas. Lo único que me preguntó es “¿Cómo salió Gimnasia?”. Y la mentira piadosa que hablaba es que yo le dije que ganamos 1 a 0, cuando en realidad habíamos perdido. Pero sabía que con eso se iba alegrar, valía la pena.

Al día siguiente, lo vamos a visitar y en la puerta de terapia intensiva había un señor con una camiseta de Gimnasia y campera. Me cuenta a quien tenía internado, hablamos. Le conté quién era, y quiso entrar a ver a mi viejo antes de ver a su familiar. Se sacó la camiseta y le agradeció todo lo hecho por el Club, luego de eso, mi papá me reconfirma que quería estar en la cancha del Lobo y fue lo último que dijo…

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