RINAUDO. ASÍ ES ESTE AMOR

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Uno se sabe en franca minoría, subiendo escalones y con viento en contra. Pero hay algo dentro de nosotros que nos empuja. Y cuando un Fabián Rinaudo da ciertos ejemplos, los pulmones se llenan de aire puro, es un brindis con la vida, es cargarse de energía para seguir luchando.

A Rinaudo le puede ir bien o mal. Lo que nadie le quitara es que de aquí en mas quedan en claro los valores que eligió para vivir. Un aplauso a sus viejos: seguramente ellos ayudaron a que este jugador fuera mas allá de la pelotita y se recibiera de algo mas significativo: de hombre digno que sabe que todos estamos de paso y que hay muchas cosas mas valiosas que la guita.

En un mundo de esclavos del apuro y la ansiedad, uno se maravilla cuando alguien demuestra en hechos que ama su terruño, o evidencia que sabe escuchar al otro, o cuando alguien sufre a la par de su para trabaja para que este no sufra. Distintas “escuelas” en los últimos años, han metido en la cabeza que lo primero es la plata, el ganar plata, el tener plata. Desde chiquitos buscan adoctrinarnos hasta por canales infantiles que bajan línea sin vergüenza. Se les enseña a los chicos a vivir para el consumismo y soñando ser otros, ser partes de otras sociedades que son presentadas sin manchas. Si uno observa, la lucha desigual esta entre aquellos que ven lo de afuera invariablemente mejor que lo propio, lo extranjero mejor que lo nacional. Esto es, para algunos, una “ley irrebatible”. Hace poco lo vio gran parte del país por televisión o Internet (si no, búsquenlo que lo vale): Ricardo Darin le dio una lección a Fantino -y a otros tantos- demostrando que no se obnubila por ir a trabajar a Hollywood, y no es que se “conforme”, sino que disfruta su lugar en el mundo.

Muchos se preguntan: “¿Por qué Rinaudo vuelve a Gimnasia, si en México hubiera ganado seguramente el triple de dinero?” ¿Como no se va a preguntar esto la gente si le han machacado hasta el cansancio, por varias vías, que el dinero es la respuesta a todo? Si vivimos en un mundo donde se salvan los Bancos a costa del hambre de los pueblos y lo justifican “porque es por dinero”. Si se venden armas, se arman guerras, muere gente, y todo se justifica para muchos, porque alguien gana dinero. Entonces es obvio que un caso así desoriente.

“¿Qué priorizó Rinaudo?”, se preguntan muchos y hasta le buscan pretextos, supuestos secretos, porque no llegan a entender que alguien con posibilidad de sumar mas dinero, afuera, elija volver a Gimnasia.

El hábito de ver todo siempre mejor en otro lado y nunca en casa es un virus que atrofia la mirada. Lleva el peor de los males para cualquier persona: pensar que no vale, ni el ni su entorno, y que si vale su exterior. Desenfoca su propia vida y entonces, en lugar de ver que puede hacer por el mismo y por la vida de los seres que lo rodean, pasa horas mirando programas boludos que muestran vidas ajenas. Y así se llego a que muchos crean, por ejemplo, que el fútbol es como la play station y que importa más un partido de Europa –la Europa que necesita venir a buscar talento a Sudamérica- que el partido de su propio club.

¿Acaso no hemos sufrido los Triperos la acusación de ser cavernícolas, utópicos, porque queríamos renovar nuestro estadio en lugar de ir a alquilar un escenario con lona por si llovizna, preocupado por imitar a los de Europa y diseñado por un simpatizante del otro club? Fíjese, amigo, como nos bajan línea desde hace mucho: donde usted diga que prefiere un asado con amigos a una comida en el extranjero, o un perfume nacional a una fragancia con ética de idioma francés, o el fútbol argentino al extranjero, habrá mucho que lo van a mirar como un bicho raro. Por eso lo de Rinaudo asombra y es, al menos para mi, admirable. `Porque tenia para elegir y eligió teniendo en cuenta valores que hoy cuesta encontrar. En lugar de defender una camiseta que le iba a dejar más dinero, prefirió volver a luchar con la camiseta que lo vio crecer. No es poco.

Un día antes de que empezara a tomar forma el regreso de Rinaudo, otro hincha de Lobo, con quien nos cruzamos en el centro, se quejo diciéndome: “Gimnasia es un club maldito, ¿Cómo vamos a salir campeones si uno ve que Tévez vuelve a Boca, Saviola a River, Milito volvió a Racing y nosotros nunca tenemos un caso así?» y se quejaba: «Sí siempre han venido cuando ya están mas pensando en ser técnicos que en jugar. Y así estamos, ya ni en los clásicos nos va bien”.

Le respondí que no había que ser tan negativo, y le recordé a “Chirola” Romero en el 2009; que si estuviéramos malditos no tendríamos la Tribuna Basile que se levanta hoy a pesar de todos los obeliscos que nos tiraban en las ruedas; que los clásicos se empezaron a perder seguido a partir del 2006, justamente cuando perdimos identidad con el traslado de la localia… pero no hubo caso. “Nunca salimos campeones”, me decía y desestimaba el campeonato de 1929, la Copa Centenario y hasta los clásicos ganados entre 1993 y 1994 que empujaron al eterno rival al descenso. No había forma de que rescatara algo positivo. Pensé: así es difícil avanzar, cuando los nuestros son los propios agresores y siguen al pie de la letra aquello de que lo bueno siempre es ajeno.

Cuando se confirmo la noticia, automáticamente pensé en este hincha: no como una revancha, sino con la esperanza de que esto fuera un quiebre en su enfoque negativo y, a partir de ahí, adoptara él mismo otra actitud.

Si un jugador prefiere estar en Gimnasia en lugar de ganar mas dinero afuera…algo tiene nuestro Lobo. Y si pensamos: ahora que el Estadio empieza a tornarse mas parecido al que soñábamos, mas sólido; y nos proponemos cambiar la mentalidad y al aliento le sumamos la fe y comenzamos a volver a ser, entre todos, los dueños del clásico, también en el campo de juego, como antes del 2006…seria muy bueno, ¿no?

Pero primero lo primero: decir ¡gracias, Fabián Rinaudo, por el ejemplo a los mas chicos y por darle importancia a lo realmente importante, los sentimientos!

Rafael Ton – Revista Ginasiá! Nº29 –  Agosto 2015.

Foto Fabián Rinaudo con Juan Cruz Ton en la previa a una foto que fue tapa de la revista Ginasiá!.

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